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Estamos acostumbrados, aunque sabemos que no es una conducta correcta, a que los jóvenes, y algunos no tanto, hagan su vida a través de las redes sociales. Amigos, amores, enemigos, desamores, rupturas familiares, todo queda plasmado en un medio electrónico que ha venido a sustituir las verdaderas relaciones personales. La adicción al celular y en consecuencia a las redes sociales está dando mucho trabajo a los sicólogos. Muchas personas tienen que someterse a tratamiento para dejar esta costumbre social que ha degenerado en vicio, en adicción. Lo inconcebible es que ahora las redes sociales sirvan para romper los protocolos diplomáticos que daban un sello especial a la vida política como es el caso de lo que, de este lado de la frontera llaman ciberbullying, hace mediante su twitter Donald Trump con su extremo racismo, sobre todo hacia los mexicanos. La Organización de las Naciones Unidas, los jefes de estado insultados, en primer lugar Enrique Peña Nieto, deben exigir que el nuevo presidente de los Estados Unidos se comporte como un político de alto rango, que respete la investidura de sus homólogos y la suya misma, porque no puede estarse comportando como un puberto, adolescente o joven inmaduro que usa las redes sociales para hacerse de amigos o enemigos, no, un jefe de Estado debe estar a la altura de su cargo. Diplomacia y educación son dos palabras que no entran en el diccionario que maneja el nuevo huésped de la Casa Blanca, quizás ésta sea una de las razones por las que su esposa prefiere seguir viviendo en Nueva York en lugar de ocupar su lugar como primera dama de los Estados Unidos. Los expertos en política han manifestado que el presidente de México debe hacer caso omiso de los berrinches cibernéticos de Donald Trump. Si quiere salirse del Tratado de Libre Comercio, que se salga. México puede continuarlo con Canadá; puede tener acuerdos comerciales con otros países que estarían encantados, incluso, de invertir aquí. Si Donad Trump es inmaduro como persona y como político hay que tratarlo como tal, como a un niño al que no se le van a cumplir sus caprichos; dejar que grite y patalee mediante twitter o la red social que le dé la gana. Si quiere hacer su muro que lo haga bajo la consigna de que México no le dará ni un peso para que se compre ese juguete. El gobierno mexicano debe, si, estar pendiente de que  los migrantes sean repatriados con respeto, con legalidad, como lo marcan las leyes internacionales. Debe reconocer sus fallas, porque si en Estados Unidos hay tantos connacionales es porque en territorio mexicano no hay oportunidades de progreso, prueba del abandono en que los políticos tienen a los ciudadanos es el indiscriminado incremento a las gasolinas que ha propiciado el encarecimiento de productos básicos para la alimentación de los mexicanos. Todos y cada uno de los mexicanos deben ser respetados tanto en el extranjero como dentro de esta Nación que se siente ofendida por Donald Trump y por los gobiernos que, sin importar el partido en el que militen, se han dedicado a saquear al país, a implementar leyes que tienen a millones de mexicanos en la pobreza, con servicios de educación precarios y de salud inhumanos que han llegado al grado de dar medicamentos “patito” a los derechohabientes como son los casos de Veracruz y Guanajuato. Nadie se va de su patria si en ella vive con dignidad. Nadie arriesga su vida si su salario le alcanza para comer, vestir, tener una casa propia, dar una buena educación intelectual a sus hijos. Vimos al presidente Enrique Peña Nieto recibiendo a migrantes repatriados, prometiéndoles una vida mejor, ahora queremos que cumpla y no sólo con quienes regresan al país, sino con todos, con los que siguen aquí, trabajando día con día, percibiendo salarios que insultan la dignidad de cualquier ser humano. Los gobernantes deben unirse al pueblo no sólo en una marcha, sino al momento de crear leyes, para que éstas ayuden a que los mexicanos no quieran irse al país de Donald Trump.

Por: Helena Cárdenas /  [email protected]