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Para reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo y reformar el Código Civil Federal  y facilitar los divorcios exprés en todo el país, el presidente Enrique Peña Nieto envió a la Comisión Permanente del Congreso de la Unión una iniciativa de reforma constitucional en la que se  establecen dos nuevas figuras: el divorcio administrativo a conveniencia de los cónyuges, mayores de edad, eliminando así el plazo que media entre la presentación de la solicitud y la ratificación que deben efectuar los  cónyuges ante el juez del Registro Civil. De esta manera la ratificación sería en el momento mismo de la solicitud. La propuesta de matrimonios de personas del mismo sexo está acompañada de la evaluación económica, que indica que su implementación no tendrá algún costo. Otro punto que seguramente, se llevarse a cabo, causará más problemas que acuerdos en los divorcios es el que se refiere al divorcio sin expresión de causa, que, por supuesto, implica la eliminación de las causales previstas, hasta el momento, en el artículo 267 del Código Civil Federal. Según el jefe del Ejecutivo Federal dichas causales son inoperantes, obsoletas, discriminatorias y anacrónicas, por ello la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha determinado que la legislación que hasta hoy se aplica restringe, de manera injustificada, el derecho al desarrollo de la personalidad. Nuevamente vemos que la preocupación viene acompañada de su antagonista: la despreocupación, pues mientras se busca que las personas homosexuales puedan tener acceso al matrimonio legal e incluso puedan adoptar niños para que el hogar quede conformado como lo establece la sociedad, la moral y las buenas costumbres, la iniciativa de reforma permitirá que cualquiera de los cónyuges tramite su divorcio aun cuando haya incurrido en delitos tan frecuentes como la violencia doméstica. El hombre, o mujer en su caso, puede golpear, insultar, humillar, dejar sin comer a su cónyuge o a sus hijos y con la mano en la cintura ir a tramitar su divorcio porque ya tiene ganas de ir a hacerle la vida imposible a otra persona de diferente o del mismo sexo.  La bigamia, la infidelidad, el incumplimiento de las obligaciones que la ley confiere al hombre y la mujer al contraer matrimonio el maltrato físico y sicológico, etc.,  ya no serían causales de divorcio. Incluso la violación de la mujer o los hijos saldrían sobrando ya que si al hombre le da la gana seguir desarrollando su personalidad violenta puede divorciase de la mujer que reclama sus derechos humanos y los de sus hijos, y el derecho al desarrollo de la personalidad de ella misma y sus hijos, porque las mujeres que pasan por este suplicio, muchas veces, no tienen el valor de solicitar el divorcio por temor a las represalias que en algunos casos llegan hasta la muerte. Para que una persona se quiera divorciar debe existir una, o muchas causas no es nada más porque hoy amanecí con ganas de divorciarme. Si se le está dando tanta importancia al derecho matrimonial entre personas del mismo sexo, los derechos de los matrimonios entre personas de diferente sexo deben protegerse para no caer en el libertinaje matrimonial. Con esta iniciativa el gobierno federal deberá implementar albergues para las mujeres divorciadas y sus hijos porque si en la actualidad muchas quedan desamparadas ya que el hombre, con ayuda de un abogado, las dejan prácticamente en la calle con esta nueva legislación civil las mujeres y los hijos también serán víctimas de la impunidad. Como una “unión precaria o cerrada  a la comunicación de la vida que no asegura el futuro de la sociedad” calificó la Conferencia del Episcopado Mexicano el matrimonio entre personas del mismo sexo que la iniciativa de reforma constitucional promovida ante el Congreso, el pasado martes, por el presidente Enrique Peña Nieto establece como derecho humano el matrimonio igualitario y que, seguida por la iniciativa de modificación al Código Civil Federal  permitiría  que se pueda realizar “sin discriminación” la unión de personas mayores de 18 años. En un comunicado, el Episcopado reconoce que en la sociedad actual ya no se percibe  con claridad “la unión exclusiva e indisoluble entre un hombre y una mujer”, para cumplir la función social plena de un compromiso estable que hace posible la fecundación. Indicó que existe una gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad pero que “las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo, por ejemplo, no pueden equipararse sin más al matrimonio”. Por su parte, Juan Manuel Mancilla, Obispo de la Diócesis de Texcoco,  dijo que el tema de los matrimonios gay debe respetarse con apego a los derechos humanos porque se trata de seres que también forman parte del reino de Dios, sin embargo, señaló que en México hay muchas cosas por resolver, entre ellas la pobreza. El vocero de la Arquidiócesis Primada de México, Hugo Valdemar, en entrevista televisiva, apoyó lo anterior y agregó que: “En el país hay verdaderos problemas que agobian a la sociedad como el narcotráfico, la inseguridad, la pobreza. Son temas donde verdaderamente  se deberían canalizar los esfuerzos legislativos”.  Por los derechos humanos, porque la comunidad homosexual representa miles de votos, y hay elecciones en puerta, porque los jóvenes ya no quieren casarse y esto representa menos ingresos para el Registro Civil o porque los legisladores ya no quieren ocuparse en los problemas realmente graves para el país se quiere legalizar el matrimonio entre homosexuales y el divorcio “porque se me da la gana”. Recuerdo que una pequeña, de escasos tres años vio, en el centro de Cuernavaca,  a dos jovencitos darse un beso. Su expresión aun no se describirla. Preguntó a su mamá: ¿Por qué se besan dos hombres en la boca? A su corta edad no hubiera entendido la verdad. Su mamá sólo le dijo: No fue en la boca, fue en la mejilla. Son amigos…

A fondo
Helena Cárdenas

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