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Quienes parecieran enemigos acérrimos, el PAN y el PRD, decidieron olvidar cualquier discordia y formar alianzas en elecciones estatales y municipales, lo que ha traído como consecuencia que el tricolor se sienta dolido y, según el dirigente nacional de Acción Nacional, Ricardo Anaya, trate de desquitarse desacreditando a éste y toda su familia o, tal vez, sacando sus “trapitos al sol”.  La historia y la lógica convergen en el punto en que los integrantes de los partidos políticos son actores cuya principal característica es la belicosidad. En su lucha diaria por conservar o conseguir  el  poder  tienen duros enfrentamientos que, en ocasiones, son tan irracionales que sus decisiones para ganar hacen que se vean como personas inmaduras.  A la hora de las contiendas electorales son capaces de olvidar las afrentas e iniciar un amoroso coloquio político y cuando algún correligionario se va a otro partido puede desatar grandes tempestades, tal como ocurre en las relaciones amorosas, lo malo de estas rupturas son los daños colaterales, como ocurre en Veracruz, donde el gobernador, Miguel Angel Yunes, ahora panista, trata de aniquilar a su ex compañero de partido, Javier Duarte. Si las acusaciones por corrupción y otros “defectillos”. Ambos se acusan mientras los veracruzanos siguen inmersos en la violencia, el desempleo y la pobreza. El respeto no existe en el vocabulario político, es sustituido por la palabra conveniencia. La política debe  ejercerse de manera profesional, ética, y no puede ser porque muchos políticos sólo tienen la educación básica, otros dicen tener estudios universitarios y no cuentan con título alguno. En el camino hacia el poder es común ver como los discursos y las acciones se contradicen llevándose entre las patas objetivos sociales para concretar los que los favorecen de manera individual. ¿Cuántos políticos estarían en prisión si las mentiras y el incumplimiento de las promesas de campaña fueran delitos? El hambre de poder y  los malos cálculos políticos han hecho que los políticos contradigan sus  plataformas, dando un ejemplo que, en estos tiempos de inseguridad, enrarecen la estabilidad del país. La mediocridad de un país radica en sus  políticos, no en los ciudadanos. La competencia electoral impulsa alianzas de partidos totalmente opuestos, desafiando  a la lógica, poniendo barreras para crear condiciones que hagan posible reformas en las que las responsabilidades y capacidades gubernamentales no se vuelvan candados que bloquean o producen únicamente mediocridad.  Claro que a estas alturas del partido la ocupación principal de todos los partidos políticos son las elecciones, por ello las preferencias y objetivos están siendo ordenados nuevamente; aunque al dejar atrás temas importantes de la agenda ciudadana dan la impresión de que no saben lo que quieren, al final de cada trienio o sexenio el único objetivo es ganar las elecciones cueste lo que cueste, llevando como slogan que en el amor y en la guerra todo se vale. Se vale pasarse de un partido a otro, ignorar a las bases y tomar decisiones a nivel dirigentes. Se vale no apoyar al candidato presidencial de sus partidos y ocuparse únicamente del poder, hacer promesas que nunca se cumplirán y usar nuevamente la necesidad del pueblo para conseguir votos que les permitirán colocarse en ese diez por ciento de los mexicanos que viven sin problemas económicos. Los partidos se preparan para las elecciones  del 2018. Se preparan las alianzas, se funden y confunden los colores de los partidos. Todos prometerán lo mismo, surgirán las descalificaciones, saldrán a relucir todo tipo de corruptelas, los desvíos de recursos, repartirán camisetas, que se convierten en pijamas del pueblo, repartirán despensas, las calles se cubrirán de propaganda que, literalmente,  representará toneladas de basura.  Seguridad y empleo, como siempre, serán las cartas fuertes de los discursos y los ciudadanos nuevamente esperanzados, esperando al bueno de la historia. La rueda seguirá girando siempre en el mismo sentido, a favor de quienes viven del erario, de quienes siempre tienen empleos bien pagados, de quienes viven tranquilos en este país tan violento porque, ya sea con dinero de las prebendas o del presupuesto, tienen para pagar escoltas para ellos y sus familias. Sus lujosas residencias no son asaltadas porque tienen cámaras de vigilancia y guardias de seguridad. Sus hijos no se quedarán sin clases si los maestros continúan oponiéndose a la reforma educativa, porque asisten a costosísimos colegios privados. No tendrán que sentarse por cinco o seis horas para recibir alguno de los medicamentos  milagrosos del sector salud. Dicen que cada quien habla de cómo le va en la feria; los políticos aseguran que han disminuido los secuestros, las extorsiones, los robos, los feminicidios, la violencia, porque esos flagelos sociales no los tocan. Con motivo de su V Informe de Gobierno, el presidente Enrique Peña Nieta, anuncia la creación de tres millones de empleos, pero no dice que la mayoría son mal pagados. Los partidos están jugando sus cartas con un solo objetivo: Conservar el poder. ¿Y el pueblo? Que se siga aguantando.

Por: Helena Cárdenas /  [email protected]