Faltan 71 días para que termine el 2017 y nada ha cambiado… 71, número que coincide con los años que el Partido Revolucionario Institucional estuvo como huésped de Los Pinos. El año próximo concluye el sexenio de retorno del Tricolor y  la violencia derivada del crimen organizado sigue azotando cada rincón de México; la pobreza, el desempleo, los servicios de salud y educación, en el desamparo institucional y la mala impartición de justicia  al amparo de la corrupción. No hay avance. No hay nada bueno que contar. Bueno, no hay que ser tan pesimistas, el salario para el 2017 puede aumentar siete pesotes mientras los diputados, entre bonos, aguinaldo y un sinfín de chácharas, recibirán alrededor de un milloncito de pesos para pasar una feliz Navidad, Año Nuevo, Reyes y demás días festivos. La   injusticia ejercida por  nuestros legisladores es aberrante y, en general, los  partidos políticos obvios candidatos a culpables en el subdesarrollo de México, aunque no  acepten que mantienen  en la pobreza a la mayoría de los mexicanos. Rectificar “errores”,  no está permitido en  política porque la pobreza del pueblo los engrandece, los hace sentirse  poderosos. La cultura política no conoce la palabra responsabilidad. Brasil, España y Corea del Sur estaban rezagados económicamente en relación con México, hoy estas naciones dejaron atrás a nuestro país. Estos países tuvieron políticos que se dedicaron a ver su bienestar personal y  olvidaron a los ciudadanos; nadie ha dicho: “Soy el culpable”, pero rectificaron y poco a poco la economía avanzó. Aquí el 90 por ciento de los mexicanos sigue en espera de la rectificación, de la distribución equitativa de riqueza. ¿Cuánto habrá que esperar? Eso sólo lo pueden contestar  los gobernantes, sin importar el color de su partido.  Los priìstas creen que la gente ya olvidó que  gobernaron durante siete décadas  y sienten que con el hecho de haber dejado la casa de Los Pinos durante dos sexenios  su deuda quedó saldada, mientras que los panistas se zafan  diciendo que los problemas son la herencia que les dejó el PRI, y tienen razón, aunque deben reconocer que en doce años la política económica debió abrir una nueva brecha en la que pudieran caminar todos los mexicanos, no sólo la clase política y los empresarios de primer nivel. EL PRD, Morena, etc., etc., viviendo del discurso de la honradez y la preocupación por los pobres. Una justa distribución de la riqueza es la  verdadera  democracia. Seguimos viendo como la injusticia laboral prevalece, pues mientras en las dependencias de gobierno, por ejemplo, un subdirector de dependencias de Gobierno puede ganar alrededor de 100 mil pesos mensuales, podemos ver en los diarios que los empresarios de la iniciativa privada ofrecen salarios de tres o cuatro mil pesos mensuales. Eso aquí, en China, en marte o cualquier planeta, se llama injusticia. Ya comenzó el “trabajo”  electoral y con él las promesas de empleos y buenos salarios, seguridad, etc., etc. ¿Cómo castigar a quienes no cumplan las promesas de campaña? No hay una ley para ello y el castigo del sufragio no es suficiente. La clase política no reconoce errores y el temor a perder el voto ciudadano es relativo, porque “chamba” no les falta a quienes están acostumbrados a vivir del erario.  Qué difícil es para muchos políticos mostrar un rasgo de humildad; algunos ya olvidaron que también pasaron penurias pues están convencidos con sus propios discursos, con sus propias mentiras; no se consideran ni tantito culpables del retraso económico, social y cultural de los mexicanos, y en cuanto a la cultura hay que hacer hincapié en que el deterioro de la misma ha afectado incluso a los ricos porque no todos pueden presumir de ser intelectual y “ler” mucho. Como dicen los chistes cibernéticos, no han leído ni  Harry Potter, Cañitas o la zaga de Crepúsculo, aunque claro, hay que recordar que estos títulos son propios de la prole que tiene que sacrificar el presupuesto para poder adquirirlos. Perdón, es que recordé a Paulina Peña.  Y como dicen que es de sabios rectificar, el jefe del Ejecutivo federal ha sostenido que se preocupa por la educación, la cultura y la ciencia. Tendrá que echarle más “ganitas”  a la creación de empleos bien remunerados porque cuando comiencen a salir de las aulas los jóvenes bien preparados, que saben “ler” muy bien, necesitarán que su esfuerzo sea recompensado para no tener que recurrir al programa Sin hambre. Los políticos se creen libres de culpa cuando abusan del poder, lo peor que les puede pasar es enfrentarse a un juicio político que les hace lo que el viento a Juárez. Hay otros que se unen a este estilo de vida, los patrones de la iniciativa privada que existen gracias a la mano de obra barata.  Decían los astrólogos que el cambio del fin de siglo sería mental, han transcurrido 17 años y vemos que la predicción fallò porque el pueblo sigue viviendo con  la esperanza de que los políticos y los empresarios rectifiquen para evitar  “errores” futuros. Dicen, y dicen bien, el éxito tiene muchos padres y que el fracaso es huérfano. Y que hay muchos que actúan como si no tuvieran una progenitora que los guiara por el buen camino. 

Por: Helena Cárdenas /  [email protected]