El presidente Enrique Peña Nieto, ante integrantes de su gabinete y empresarios, entre ellos la empresa Coca Cola y Brian Smith, en una reunión realizada en el Instituto Nacional de Ciencias Mèdicas y Nutriciòn Salvador Zubiràn,  explicó que el propósito de incrementar los impuestos a las bebidas azucaradas y a los alimentos no básicos con alta intensidad calórica  es reducir el consumo de estos productos que, dijo, están asociados al aumento del sobrepeso y la obesidad. ”Estas medidas son a favor de lo más preciado que tenemos, la salud de nuestros niños y jóvenes”, señaló.  Lo anterior tuvo lugar a poco más de un año  de su administración. La  “preocupación”  del primer mandatario  no fue bien sustentada, puesto que no presentó a los expertos en salud y nutrición que debió contratar, o consultar, el gobierno federal para tomar tal determinación. Algunos médicos consideran que un dulce aporta energías a los pequeños y que, como  cualquier alimento, lo malo es el exceso. Para que la población pueda creer que el gobierno federal está preocupado y  ocupado  por la salud de los niños y jóvenes debe exigirse a las empresas fabricantes de los llamados productos chatarra que éstos contengan vitaminas y minerales que ayuden al buen desarrollo de los chicos,  de no ser así queda bien claro que la preocupación real  fue, y es, recaudar más impuestos porque  estos productos los seguirán consumiendo pequeños y adultos. Cuando se informó al respecto llamó la atención como en poco tiempo el primer mandatario aprendió de la alimentación de la prole, pues durante su  campaña no sabìa ni cuanto era el precio del kilo de tortillas. “La estrategia será fundamental para mejorar la salud y la calidad de las familias mexicanas. Implicará esfuerzos adicionales, pero ante la epidemia de sobrepeso y obesidad no podemos cruzarnos de brazos cuando lo que está en riesgo, literalmente, es la vida de millones de mexicanos”, precisó el presidente al lanzar la Estrategia Nacional para la Prevención y Control de Sobrepeso la Obesidad y la Diabetes y convocar a las empresas a crear un frente común contra estas enfermedades  consideradas como una “epidemia”. La otra epidemia ya está controlada, me refiero a la desnutrición y el hambre que causa graves estragos  en niños, jóvenes y adultos, ocasionada por  falta de una nutrición adecuada que, a su vez, es consecuencia de la falta de dinero en los hogares mexicanos donde, resultado de la mala administración pública y pésima distribución de los ingresos, tienen que comer lo que pueden no lo que deben. Para millones de mexicanos suena a burla que los doctores de los servicios públicos de salud  recomienden una dieta balanceada porque los problemas de salud derivados de la falta de ciertos nutrientes son causados por no tener dinero para consumir diario carne, cereales, lacteos, verduras y frutas como lo marcan los cánones alimenticios. Por supuesto la afirmación de que ya está controlada esta epidemia es pura ironía porque con las limosnas gubernamentales  no alcanza ni para comer diario frijoles, tortillas y leche. Hablar de que con esos recursos puedan pagar la educación de los hijos  son palabras mayores. Por aquel entonces se anunció que habría un nuevo sistema de etiquetado frontal para los alimentos y bebidas no alcohólicas que contendría información para fomentar  decisiones saludables. Por su parte, la Secretaría de Hacienda se armó hasta los dientes para defender la reforma hacendaria (más recaudación de impuestos) en el entendido que toda reforma puede ser objeto de amparo. El encargado de manejar los impuestos de todos los mexicanos aseguró que la Secretarìa de Hacienda y Crédito Pùblico se preparó para defender el poder del Estado ante cualquier instancia judicial. El mensaje fue para todos los empresarios  inconformes con los cambios fiscales aprobados por los legisladores, porque no podemos decir fue una amenaza ya que el tono fue muy sutil. ¿Verdad? Las autoridades Hacendarias  aseguran  que la reforma hacendaria de Enrique Peña Nieto, aprobada por los legisladores, es justa y apegada a los principios de equidad y proporcionalidad que prescribe la Constituciòn, por lo que, los amparos hubieran sido sólo “un proceso normal del sistema jurídico mexicano”, lo que en lenguaje coloquial significa que les vale lo que digan los empresarios y todos los mexicanos que se han visto afectados por  los incrementos en los impuestos. El tiempo ha pasado y seguimos esperando que del presupuesto de ingresos y egresos emane  la “preocupación” del Ejecutivo y Legislativo  por la salud de los niños y jóvenes porque la presente administración ha transcurrido con más impuestos e incrementos en los productos básicos y no básicos, así que el objetivo aminorar los índices de obesidad pueden lograrse… comiendo menos o… no comiendo.

Helena Cárdenas /  [email protected]