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Si hace unas dos décadas algún adivino se hubiera atrevido a augurar que el PAN y el PRD unirían fuerzas, lo más seguro que se le habría tachado de loco. Parecían los peores enemigos y sus estatutos y plataformas políticas estaban de uno y otro extremo de la cuerda que ambos jalaban en busca del poder. Hoy, contra toda lógica están unidos para derrotar al PRI y, de paso, a Morena. Quieren la presidencia de la República, eso está muy claro, pues demostraron ya que los ciudadanos, aun luego de la desgracia que se vive tras los sismos, no les importan, por ello no quieren soltar el dinero para ayudar a la reconstrucción del hogar de los damnificados. El pretexto perfecto es que, dicen, el PRI se puede quedar el dinero y, de ser así, mejor se lo quieren quedar ellos y su tercer integrante, el partido Movimiento Ciudadano. La historia y la lógica convergen en el punto en que los integrantes de los partidos políticos son actores cuya principal característica es la belicosidad. En su lucha diaria por conservar o conseguir  el  poder  tienen duros enfrentamientos que, en ocasiones, son tan irracionales que sus decisiones para ganar hacen que se vean como personas inmaduras.  A la hora de las contiendas electorales son capaces de olvidar las afrentas e iniciar un amoroso coloquio político y cuando algún correligionario se va a otro partido puede desatar grandes tempestades, tal como ocurre en las relaciones amorosas.  El respeto no existe en el vocabulario político, es sustituido por la palabra conveniencia. La política debe  ejercerse de manera profesional, ética, y no puede ser porque muchos políticos sólo tienen la educación básica, otros dicen tener estudios universitarios y no cuentan con título alguno. En el camino hacia el poder es común ver como los discursos y las acciones se contradicen llevándose entre las patas objetivos sociales para concretar los que los favorecen de manera individual.  Si la contradicción y la incoherencia fueran delitos las cárceles estarían repletas de políticos. Debido a la incoherencia  Ricardo Anaya olvidó que su partido no apoya los matrimonios del mismo sexo, el aborto,  Dante Delgado olvida, incluso, el nombre de su partido y se sumó a dos partidos políticos netamente a los que los problemas de los ciudadanos no les causan la menor preocupación y el PRD, sin importar el nombre de su dirigente, siempre alborotando el gallinero para lograr sus objetivo: EL PODER.  La competencia electoral impulsa alianzas de partidos totalmente opuestos, desafiando  a la lógica, produciendo mediocridad.  El PAN y el PRD han formado alianzas cuyo objetivo es derrotar al PRI en elecciones municipales o estatales.  Claro que a estas alturas del partido la ocupación principal de todos los partidos políticos son las elecciones, por ello las preferencias y objetivos están siendo ordenados nuevamente; aunque al dejar atrás temas importantes de la agenda social, como son los damnificados,  dan la impresión de que no saben lo que quieren, al final de cada trienio o sexenio el único objetivo es ganar las elecciones cueste lo que cueste, llevando como slogan que en el amor y en la guerra todo se vale. Se vale pasarse de un partido a otro, ignorar a las bases y tomar decisiones a nivel dirigentes. Se vale no apoyar al candidato presidencial de sus partidos y ocuparse únicamente del poder local (chamba, hueso, etc.), hacer promesas que nunca se cumplirán y usar al pueblo para conseguir votos que les permitirán colocarse en ese diez por ciento de los mexicanos que viven sin problemas económicos. Los partidos se preparan para las elecciones  del 2018. Se preparan las alianzas, se funden y confunden los colores de los partidos. Todos prometerán lo mismo, surgirán las descalificaciones, saldrán los trapitos al sol, las corruptelas, los desvíos de recursos, repartirán camisetas, que se convierten en las pijamas del pueblo, repartirán despensas, las calles se cubrirán de propaganda que, literalmente,  representará toneladas de basura.  Seguridad y empleo, como siempre, serán las cartas fuertes de los discursos y los ciudadanos nuevamente esperanzados, esperando al bueno de la historia… y la rueda seguirá girando siempre en el mismo sentido, a favor de quienes viven del erario, de quienes siempre tienen empleos bien pagados, de quienes viven tranquilos en este país tan violento porque, ya sea con dinero de las prebendas o del presupuesto, tienen para pagar escoltas para ellos y sus familias. Sus lujosas residencias no son asaltadas porque tienen cámaras de vigilancia y guardias de seguridad. Sus hijos no se quedarán sin clases si sus escuelas fueron dañadas por los sismos, porque asisten a costosísimos colegios privados. No tendrán que sentarse por cinco o seis horas para recibir el milagroso paracetamol que todo lo cura. Dicen que cada quien habla de cómo le va en la feria; los políticos aseguran que han disminuido los secuestros, las extorsiones, los robos, los feminicidios, la violencia, porque esos flagelos sociales no los tocan. Su única preocupación y ocupación son conservar el poder y no soltar el dinero que llega a los partidos, producto de los impuestos que pagan todos los ciudadanos.

Por: Helena Cárdenas /  helenacardenas155@hotmail.com