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Comenzó el ciclo escolar 2017-2018 y los padres continúan esperando que el derecho Constitucional a la educación gratuita sea una realidad, porque entre las “cuotas voluntarias” (de 200 a 400 pesos), compra de uniformes, del diario y deportes (que no son obligatorios), zapatos escolares, tenis, cuadernos, colores, juegos geométricos, calculadora, goma, sacapuntas, gastaron un promedio de mil 500 a 2000 pesos y los gastos no paran ahí, pues además deben comprar material de papelería para el maestro (a) de grupo y material de aseo como papel higiénico, jabón líquido para manos, gel  antibacterial y debido a la proliferación de mosquitos en algunas escuelas les pidieron repelente de insectos . ¡Y lo que falta! La educación resulta muy cara y los padres de familia no pueden ni sugerir que las cuotas sean más accesibles. Pagas o pagas, con tal de que a fin de año no los amenacen con retener la documentación.  Según las estadísticas de cada 100 niños que entran a la primaria únicamente 15 terminan una carrera profesional. De acuerdo con cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI), en México hay dos millones 500 mil niños trabajando, algunos explotados por algún familiar, o por personas que los secuestran. En miles de hogares mexicanos el tema educación es prácticamente prohibido porque está muy lejos de su alcance. Por necesidad, muchos niños y jóvenes tienen que trabajar;  abandonan la escuela primaria, secundaria o preparatoria, simple y sencillamente porque tienen que buscar el sustento diario, tienen que comer. A nivel mundial existen más de 168 millones de niños en condición de trabajo infantil. La política económica es la causante de que tantos jovencitos trabajen como empacadores para ayudarse a pagar  transporte y materiales educativos, que sangran el bolsillo de los padres de familia y ahora el estos jovencitos que forman ya parte de la fuerza laboral del país para poder salir adelante ante la apatía del gobierno que dice preocuparse porque todos tengan acceso a la educación en lugar de ocuparse realmente para terminar con este problema social.  En los últimos 30 años no se han visto cambios sustantivos. Las tasas de crecimiento no son sólidas y permanentes. Los “dreamers” que viven de este lado de la frontera con Estados Unidos ya comprobaron que las reformas no hicieron posible   el jardín del Edén. Los flagelos sociales son el pretexto perfecto para que se legisle, pues autoridades del Trabajo han argumentado que el único camino que hay para combatir el trabajo infantil y aumentar el crecimiento en México, son “el esfuerzo y las reformas”. Mas claro ni el agua… los niños, jóvenes y todos los pobres deben siguen esforzándose para sobrevivir y las reformas sólo sirvieron para que la clase política de alto nivel tenga  mayores  ingresos  y sus hijos estudien en las mejores escuelas privadas del país y del extranjero. El dinero del erario nunca llega al pueblo; se queda en las cuentas bancarias de los funcionarios, no en sus bolsillos, ahí no caben sus fortunas. Oficialmente se dice que la tasa de crecimiento del dos por ciento no es suficiente para que se incorporen al mercado laboral 800 mil jóvenes anualmente, de los cuales sólo 400 mil obtienen empleo, mal pagado. Como la reforma educativa no fue aceptada por los maestros que integran la Coordinadora, el éxito de ésta, dice del lado gubernamental,  dependerá de un frente común constituido por autoridades, maestros, padres de familia y sociedad civil, en ese orden, para consolidar un sistema de mayor calidad. Aseguran que la reforma educativa tiene errores y contradicciones, por lo que se requiere una reforma social. La valoración intelectual de la propuesta es un tema que a muchos preocupa, porque  nuestro país entre los más atrasados del mundo,  por debajo de Nigeria y otros países donde se supone que el rezago educativo es alarmante. El secretario de Educación, Aurelio Nuño  ha dicho que si la reforma educativa se hubiera hecho hace diez años ya se verían los resultados, que, precisamente, aseguro se verán en ese lapso.  Los pequeños que están en primero y segundo de primaria, si sus padres cuentan con recursos para ese entonces, estarán cursando la preparatoria; algunos harán una carrera universitaria, pero llevarán a cuestas las deficiencias de un modelo educativo pésimo, decadente, algunos, incluso, vivirán con las secuelas sicológicas del mal trato de su maestro o maestra. Se supone que la reforma educativa quedaría bien con todos y no quedó bien con nadie… va en retroceso. Es el sistema mexicano, primero se hacen las cosas para negociar y luego se vuelven vicio, corrupción. Plazas, sueldos, herencias laborales, ese es el estira y afloja entre los maestros opositores y el Gobierno mientras el sistema educativo tiene a los niños en un total atraso intelectual.  La educación debe ser de calidad y realmente gratuita. Los maestros deben trabajar con profesionalismo, ética, vocación de servicio. El Estado debe proporcionar el presupuesto necesario para que cada escuela funcione, en lugar de destinar recursos estratosféricos para las elecciones del 2018, y  los maestros deben enseñar y educar porque hoy dicen que ellos enseñan y que la educación se da en las casas. La violencia esta en las casas y también está presente  en las aulas, porque la educación tripartita  y gratuita es una falacia.    

Por: Helena Cárdenas /  [email protected]