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En los últimos años se ha generalizado la impresión de que nuestra clase política, sin importar su afiliación partidista, no tiene buena fe, carece de voluntad o de los instrumentos políticos y habilidades para realizar de manera correcta sus tareas directivas.  En los hogares y en cualquier charla que llegue uno a escuchar fuera de ellos, las personas  coinciden en que quienes ostentan en poder tienen  limitadas capacidades para gobernar y llevar a cabo las tareas que el pueblo delegó en ellos al momento de emitir su sufragio.  En el ánimo ciudadano prevalece la falta de credibilidad en la capacidad de nuestros gobernantes por encima de la legitimidad de los mismos. La violencia, la carencia de buenos servicios educativos, de salud, públicos, los altos impuestos y bajos salarios conducen a hablar de ingobernabilidad, que no es otra cosa que la incapacidad del gobierno que, aunque nos pese es el todopoderoso con todo y sus debilidades y quebrantamientos pues es el eje de la vida social. La falta de respuesta gubernamental a las demandas sociales y solución a los problemas añejos son signos de ingobernabilidad, no sólo la violencia propiciada por la delincuencia organizada y solapada por algunos policías y autoridades; hay también ciudadanos que contribuyen  a que esta ingobernabilidad lacere a toda la sociedad, no respetan los derechos de los demás, ejemplo vergonzoso son los empresarios que no cumplen con sus obligaciones fiscales y explotan a sus trabajadores exigiéndoles una capacidad productiva muy por encima de la remuneración económica por ese concepto, misma que al trabajador no le permite tener una alimentación que le ayude a contar con la energía necesaria para cumplir con las exigencias físicas e intelectuales de su patrón. Pareciera que hay una casta de mexicanos, y algunos extranjeros radicados en el país cuya doctrina es la arbitrariedad y la corrupción porque sus principios morales les impiden sujetarse a las leyes y las normas que rigen a toda sociedad. Algunos  sociólogos coinciden en que la falta de oportunidades ha obligado a muchos mexicanos a formar parte de los grupos criminales que se dedican al narcotráfico, al secuestro, al robo, por ello el gobierno ha caído en la contradicción ya que ahora le toca resolver el problema de la inseguridad que ha provocado el mismo con las nefastas  políticas económicas que ha implementado. La incapacidad del gobierno para dirigir ha llevado a la ingobernabilidad, a la impotencia social y política ante la ola de violencia que daña al país. Las capacidades administrativas de los gobernantes únicamente sirven para distribuir el presupuesto entre la clase política y hacer leyes que favorezcan a los que más tienen por ello la pobreza es mayor día con día.  Sin embargo a los ciudadanos su buena fe todavía los hace pensar que las elecciones son el único modo de liberarse de los gobernantes deshonestos e incompetentes, pero algunos no han caído en la cuenta de que la clase política está monopolizada porque la conforman grupos familiares y amistosos, de ahí que los mismos sean regidores, directivos, presidentes municipales, diputados locales y federales, senadores, secretarios de estado, etc. Para gozar de los privilegios del poder brincan de partido en partido y pisotean a las bases de los mismos condenándolos a ser eternamente los llamados borregos de la política, los que trabajan duro en tiempos electorales para empoderar a sus eternos dirigentes, los que orgullosos portan las camisetas de sus partidos… camisetas que los dirigentes cambian fácilmente, sin remordimiento alguno. Durante el sexenio de Vicente Fox se pensaba que la solución de todos los males eran las reformas, el cambio en los procesos institucionales, fiscales, políticos, educativos, laborales. Los políticos argumentaban que sin reformas se sentían atados para llevar a cabo sus labores correctamente. Las reformas  aprobadas no han servido más que para provocar problemas sociales y retroceso económico. Basta mencionar que la reforma educativa busca, dicen, que los niños y los jóvenes tengan una educación de calidad y vemos con tristeza que muchos niños están dejando la escuela porque a sus padres no les alcanza el dinero para pagar cuotas y material escolar, otros dejaron las aulas porque sus padres están sin trabajo. Desde la Secretaría de Hacienda, han emanado declaraciones en las que afirman que para que las reformas tengan efecto deben complementarse, luego entonces los trabajadores deben ser bien pagados para que sus hijos puedan recibir educación de calidad; deben tener buenos salarios para pagar más impuestos derivados  la reforma hacendaria y hacer frente a la escalada de precios provocada por el aumento de las gasolinas y el gas, entiéndase reforma energética. El Gobierno no ha querido entender que sin buenos salarios las familias mexicanas no podrán disfrutar jamás de los beneficios que, dicen los gobernantes, traerían las reformas, motivo por el que seguimos viviendo en una ingobernabilidad plagada de contradicciones.

Por: Helena Cárdenas /  [email protected]