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No es algo nuevo… en los Estados Unidos existe la idea de que en los estados y municipios que conforman el territorio mexicano todavía no se erradica el añejo patrón de que “la policía es parte del problema y no de la solución”, lo que, sabemos de este lado, ocurre debido a que los integrantes de las corporaciones encargadas de velar por el orden y la paz nacieron y crecieron en  los mismos poblados que los delincuentes que deben combatir, esto quiere decir que se conocen perfectamente y, muchas veces, son amigos de infancia. Durante la administración de Barak Obama, el congresista demócrata por California, Adam Schiff, puso el dedo en la llaga al presentar a las actividades policiacas como fuentes de trabajo, durante una audiencia celebrada ante el Subcomité para el Departamento de Estado y Operaciones Extranjeras  de los Estados Unidos, en la que la que el jefe antidrogas del Departamento de Estado, William Bronfield, dijo que en el territorio mexicano la infiltración del crimen organizado continua siendo un grave problema en las policías estatales y municipales y que en la federal  ha disminuido.  Quienes desean convertirse en guardianes de la sociedad entienden que  resulta muy complicado pues algunos tienen que hacerse de la vista gorda y dejar que los delincuentes hagan de las suyas, otros, decidieron allegarse un “dinerito” extra  formando parte de quienes violan las leyes. Las autoridades del vecino del norte se muestran  pesimistas respecto al nivel de violencia que vivimos. Informes de la Casa Blanca datan  alrededor de 50 mil asesinatos ligados con  el narcotráfico y el crimen organizado. La insistencia de  legisladores estadounidenses motivó que el gobierno mexicano  admitiera  que la infiltración de la delincuencia en las policías mexicanas es un problema sumamente grave que se ha venido atacando con  capacitación y profesionalización. Con el programa denominado Iniciativa Mérida el gobierno de Estados Unidos ha entrenado aproximadamente a 52 mil policías y funcionarios federales mexicanos con el objetivo de que puedan enfrentarse en la lucha contra el crimen organizado. De esta manera se ha combatido la infiltración entre los federales. El programa estuvo dirigido, durante tres años, a las corporaciones federales y, a partir del  2011,  se fue extendiendo hacia los fiscales y jueces estatales y municipales y a sus respectivas policías. “No tenemos que alcanzar el paraíso  para triunfar, lo que tenemos que hacer es encarecer en cinco o diez por ciento el proceso a las organizaciones narcotraficantes para que emigren a otras regiones”, señaló en su oportunidad William Bronfield, precisando que Estados Unidos busca la colaboración de otras naciones,  entre las que encuentra Colombia. Se han  entrenado, aproximadamente, a 19 mil agentes policiacos en 18 naciones latinomericanos. Sin embargo los avances a nivel federal no logran dar frutos, y la violencia puede ir en aumento mientras la infiltración continúe a nivel estatal y municipal en todo el territorio nacional y mientras  algunos policías locales prefieran no ver lo que pasa a su alrededor para proteger a sus familias y a si mismos. Este es otro de los problemas que tiene que atacarse, la intimidación contra oficiales de policía y sus familiares o amigos, por lo que  la Casa Blanca ha considerado  que el gobierno mexicano tendría que decidir entre gastar una suma millonaria para proteger a sus policías; que sería construyendo comunidades donde vivan policías jueces y fiscales o rotar a las policías cada tres o seis meses para que no sean identificados por los criminales. Esta opción sería  viable, con sus riesgos en tanto la corrupción siga imperando en los distintos niveles de justicia porque construir ciudades donde vivan todos los encargados de hacer justicia sería muy riesgoso, ya que si los criminales tuvieran conocimiento de dichos lugares podrían atacarlos y exterminarlos en masa. Por supuesto, a la fecha, el gobierno de México no ha visto esta posibilidad. Los mexicanos trabajadores, que viven honestamente, siguen deseando caminar por calles seguras;  vivir en paz  dentro de sus hogares. Sus sueños se ven lejanos con la infiltración y la corrupción que existe en todos los niveles de gobierno.

A fondo
Helena Cárdenas
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