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En un documento que hiciera público la Embajada de Estados Unidos en México, el cual fue elaborado por el Departamento de Estado, el pasado 15 de septiembre se dio la conocer la preocupación por la violencia que existe en México contra sacerdotes católicos y ministros de diferentes iglesias. En el informe titulado  “México: Informe de 2015 sobre la Libertad de Cultos”, el gobierno  estadounidense muestra su preocupación respecto de “la muerte de sacerdotes, las amenazas contra monjas católicas y los abusos denunciados a cristianos evangélicos”. Dado a conocer justo cuatro días antes del secuestro y asesinato de dos sacerdotes católicos en Poza Rica, Veracruz, el documento menciona que en 2014 fueron asesinados seis sacerdotes y dos en 2015, y asegura que las extorsiones se han vuelto un verdadero tormento pues, en lo que va del año, alrededor de 520 sacerdotes han sido víctimas de extorsión. Asegura que las amenazas provienen de grupos delictivos, los que intimidan a los clérigos por medio de sus feligreses, siendo las entidades más peligrosas el Estado de México, Guerrero y Veracruz. La elaboración de este informe fue llevada a cabo por representantes del Departamento de Estado al hacerse patente la necesidad de proteger a los sacerdotes ya que, de acuerdo con el Centro Católico Multimedia, una de sus fuentes de información, “los sacerdotes y otros líderes religiosos en algunas partes del país continuaron siendo blanco y recibieron intentos de extorsión, amenazas de muerte e intimidación, a menudo de grupos delictivos organizados”. Hay también  sacerdotes desaparecidos como es el caso del padre Santiago Alvarez Figueroa, ocurrido en Zamora, Michoacán, en 2012 y el del padre Carlos Ornelos  Puga, en 2013, en Victoria, Tamaulipas, de quien, a la fecha, nada se sabe. Los líderes religiosos de México son considerados como defensores de los derechos humanos, de ahí que funcionarios de alto nivel del Departamento de Estado de Estados Unidos, manifestaran su preocupación por protegerlos, además, en los últimos 25 años han sido asesinados 52 sacerdotes, que lo hace evidente el peligro a que están expuestos los clérigos mexicanos. Para recabar la información los representantes el gobierno de la Casa Blanca, estuvieron en nuestro país; así fue como conocieron el caso ocurrido el pasado 29 de junio de 2015, en Matías Romero, Oaxaca, en donde tres monjas fueron atadas, amordazadas y agredidas por unos desconocidos en la casa parroquial, lugar en el que nueve meses antes fuera agredido el sacerdote Victorino López. En Chiapas y Oaxaca, según informes de protestantes, han sido presionados, desplazados y detenidos, y algunos han padecido la destrucción de sus pertenencias de parte de líderes locales de dichas entidades del sur del país. Aseguran los agredidos que esto ocurre porque los quieren obligar a “convertirse”. Los sacerdotes de Nuestra Señora de Fátima, Alejo Nabor Jiménez y José Alfredo Juárez, secuestrados en Poza Rica y encontrados sin vida en Papantla, Veracruz, fueron despedidos por sus feligreses entre muestras de tristeza, reclamos de justicia, castigo para los asesinos y oraciones para que la paz retorne al estado de Veracruz. En entrevista con medios de comunicación nacional, el vocero de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Alfonso Miranda, rechazó de manera tajante el informe dado a conocer por el fiscal de Veracruz, Luis Angel Bravo Contreras, quien asegura que los sacerdotes estaban conviviendo con sus asesinos, los que,  al calor de las copas los mataron. El clérigo solicitó a las autoridades “no manchar” el nombre de los sacerdotes y precisó que los signos del asesinato “hablan de todo, menos de conocerse”. El vocero católico analizó: “En qué fiestas de borrachos están las sogas y por qué maniatar si las personas ya están débiles y no tienen fuerza ni firmeza. Por qué tener que maniatar. Por qué tener que transportar. Por qué tener que llevar a un sitio lejano, solitario. En qué fiesta de borrachos se llevan las carabinas y se llenan los cuerpos de balas”. Agregó que las cifras provenientes de la violencia “nos consternan y nos entristecen” al indicar que el sacerdote, al igual que “el periodista está inmerso en dificultades y debe cumplir su misión; los sacerdotes, de la misma manera, debemos cumplir nuestra misión donde quiera que estemos, donde quiera que nos maten, ahí tenemos que estar y ahí tenemos que trabajar”. Informó que la Conferencia del Episcopado evaluará el establecimiento de diálogo con la Secretaría de Gobernación para tratar esta problemática ya que, dijo, “esto nos pega muy duro”. Por su parte, el Papa Francisco condenó el asesinato de los sacerdotes y señaló que fueron “víctimas de una inexcusable violencia”, al tiempo que instó a toda la diócesis a “continuar con energía su misión eclesial a pesar de los obstáculos, siguiendo el ejemplo de Jesús, el buen pastor”. Y así es como estamos viviendo los mexicanos, con energía, trabajando a pesar de los obstáculos que tienen a todo el país aterrado; viendo como cada día hay más “víctimas de una inexcusable violencia”.