Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar Henao), hijo del narcotraficante colombiano Pablo Escobar,  asegura  que él pudo convertirse en un hombre como su padre, sin embargo, no lo hizo porque vivió las consecuencias de la destrucción, la violación de los derechos humanos y la violencia en un país que sufrió el sometimiento por la fuerza de su padre. El narcotráfico es un negocio cortoplacista que promete algunas cosas pero al final te arrebata todo, tu vida, la de tus familiares, tu libertad, tu tranquilidad… tu paz, ha señalado Sebastián al asegurar que su padre amasó una fortuna y con ella no pudo comprar ninguna de esas cosas.  El primogénito de uno de los hombres más peligrosos del mundo afirma que México todavía está a tiempo de evitar una experiencia como la que vivieron en su natal Colombia, lo que, explica, se logrará modificando la estrategia armada para combatir el narcotráfico. Dio su testimonio de vida Como hijo del narcotraficante, más buscado en su tiempo, se ha dedicado a dar su testimonio de vida y reconocer que actualmente hay jóvenes que quieren parecerse a su padre porque le tienen admiración. “Hay comentarios en las redes de muchos adolescentes que me preocupan; dicen cosas como yo adoro a tu papá, yo quiero ser como él. Eso es algo que yo digo, yo también lo adoro, pero yo no quiero ser como él. Yo no perdí el amor por mi padre, pero eso no me impidió ver la realidad y la violencia que implicaba el negocio del narcotráfico, de las drogas, de la violencia en general”, relata el hijo de Pablo Escobar, quien escribió un libro titulado “Pablo Escobar. “Mi padre”. Considera que quienes publican historias como la de su padre deben  procurar no mandar mensajes equivocados porque son historias  que no deben repetirse. “Claramente el mensaje implícito que debe prevalecer en cada uno de los renglones que tienen historias como esa, justamente, deben invitar a los jóvenes a no caer en esas tentaciones y el ejemplo que relato es que la propia fortuna de mi padre terminó financiando su muerte”. En sus conferencias ha reiterado  que “matando a los pacientes no se cura la enfermedad”, considerando que ni los niños ni los adultos aprenden a punta de pistola, por lo que cuestionó el tiempo de evaluar alternativas de paz y no de guerra frente a las drogas. Asegura que la democracia tiene una deuda pendiente con la sociedad: firmar la paz con las drogas. Dice que Pablo Escobar fue admirado en Colombia porque ocupó vacíos del Estado, vacíos que fueron el escondite perfecto para que su padre realizara sus actividades criminales. “Decía que su fortuna era de él, que sus amigos ya eran ricos, y que utilizaba su propio dinero para resolver la construcción de escuelas, universidades. Tenía una idea loca de poner al narcotráfico al servicio de Colombia y decía: Le voy a devolver al pueblo la dignidad que el Estado no le quiso dar”. Sin embargo, el hijo de Pablo Escobar no ha explicado a detalle en qué consiste la estrategia de paz ante las drogas o cómo se podría reinsertar a la sociedad a las personas que viven de este “negocio”. Suponemos que su experiencia no lo hace pensar ni remotamente en la posibilidad de legalizar la venta de drogas, porque esto implicaría la muerte de muchos jóvenes, sobre todo, y no podría hablarse de una sociedad en paz pues en miles de hogares se viviría el infierno de ver como sus hijos se pierden en las adicciones, echan a perder su vida y su único futuro es la muerte. “Matando a los pacientes no se cura la enfermedad”, cierto, por ello no pueden seguir muriendo jóvenes. Incluso algunas autoridades han señalado  que a los jóvenes que incursionan en el narcotráfico no hay ninguna posibilidad de rescatarlos “porque no hay una plataforma o posibilidad para reprogramar su vida, rehacerse y reconstruirse, pues terminan o muertos a balazos o en las cárceles”. Dicen que de buenas intenciones está lleno el infierno.  No se pueden construir escuelas y a la vez destruir vidas, destruir a un país o a varios países, no es esa la forma de democracia que necesita un pueblo. Bien dice Sebastián Marroquín, poner al narcotráfico al servicio de un país es una idea loca, porque sabemos que la ley de estas personas es la violencia, para muestra basta ese botón manchado de sangre que es el caso Iguala. “Pude haberme convertido en Pablo Escobar 2.0, pero me convertí en el arquitecto, en el diseñador, en el conferencista y ahora en el escritor Sebastián Marroquín”.  Asegura el colombiano al indicar, que su padre “nos mostró el camino que no debemos recorrer como sociedad, porque ese es el camino hacia la destrucción, a la pérdida de valores y donde la vida deja de tener importancia”. En el 2009 pidió perdón a la victimas del narcotráfico en el documental “Pecados de mi padre”. Dijo que el dinero de su libro será para su hijo y  su familia y una parte para obras de caridad. “No se trata de lavar culpas”. El hijo de Pablo Escobar asegura que de la inmensa fortuna que les dejó su padre al morir, no queda nada porque todo lo reclamaron sus enemigos y sus amigos como “botín de guerra”, lo que, dice, agradecer. “Mi padre no es un personaje para ser imitado”, reitera Juan Pablo Escobar Henao. Desgraciadamente en México hay muchos padres como éste, que dan un pésimo ejemplo a sus hijos y a toda la sociedad y que ven lo ilícito como “negocios de familia”. 

Por: Helena Cárdenas /  [email protected]

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