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En México hay alrededor de seis millones, mayores de 15 años, en una condición sumamente grave para su desarrollo social: el analfabetismo. La cifra  data del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (ISUE), dependiente de  la Universidad Nacional Autónoma de México que asegura, que el problema es mayor que hace diez años. Dicha institución precisa que en 1985 la población total de iletrados era de ocho millones y medio y a partir de 2010 llegó a cinco millones 948 mil, de los cuales poco más de tres millones y medio son mujeres y dos millones 300 mil son hombres. El número de analfabetas representa el 7.6 por ciento de la población total. Es  una cuestión preocupante. Una realidad que lacera e indigna. Un país con esa cifra muestra que no ha logrado concretar sus esfuerzos educativos de manera adecuada. La condición, propia de los países subdesarrollados,  se concentra en grupos vulnerables como son las mujeres, los indígenas y las personas que viven en la pobreza, generando marginación y ocasionando que los afectados por este fenómeno social se vuelvan frágiles, lo que los pone en una situación de alto riesgo, sobre todo ahora que la delincuencia aprovecha esto para reclutar gente. Aunque las entidades con más analfabetas son, Chiapas, con 18.41; Guerrero, con 17.53 y Veracruz, con 12.02 por ciento, a todo lo largo y ancho del territorio nacional hay personas que se encuentran en la encrucijada de vivir pobres para siempre o irse hacia el mal camino por la falta de oportunidades donde los  colocaron los malos gobiernos, obligándolos a formar parte de este grupo con deficiencias educativas. De acuerdo con un informe de la UNESCO el número de analfabetas es de  siete millones, a lo que hay que agregar que más de 34 millones de mexicanos están en situación de rezago  educativo; 1.4 millones de niños no asisten a la escuela y más de un millón 324 mil cuentan con menos de cuatro años de estudio. El reporte detalla que la población indígena cursa sólo 1.5 años, esto quiere decir que ocho de cada diez indígenas no cuentan con educación básica por lo que el analfabetismo alcanza el 50 por ciento en las zonas rurales. Las mujeres mexicanas que únicamente hablan lengua indígena tienen 15 veces más probabilidades de ser analfabetas que las que hablan español y la tasa de alfabetización de las mujeres que no saben español es de sólo el cinco por ciento.  El documento toca otro punto muy importante, el rezago en la lectura. El promedio de escolaridad en México alcanza ocho años. Con base en las evaluaciones internacionales los alumnos con esta baja  escolaridad se ubican en países como Brasil, Indonesia, México y Tailandia  el 40 por ciento obtuvieron puntuaciones por debajo del nivel uno, calificación que los pone en peligro a la hora de incorporarse al mercado laboral y acorta sus posibilidades de alcanzar un grado de competencia suficiente para beneficiarse de una educación más avanzada y otras oportunidades de aprendizaje a lo largo de su vida. Ante las deficiencias en materia de educación comenzaron a operar las escuelas de tiempo completo; la propuesta es que  todas las escuelas sean de tiempo completo (cabe aclarar que antes de esta propuesta ya  había escuelas que trabajaban de ocho de la mañana a cinco de la tarde, pues en sus comunidades consideraron que era la mejor opción para que los alumnos avanzaran realmente) para mejorar las condiciones de enseñanza, contemplando, la resolución de problemas como comunicación, creatividad, experimentación, expresión y apreciación artística y desarrollo físico y deportivo. Pero hay otro problema que hace casi imposible el avance educativo: el nivel intelectual  de muchos profesores, sobre todo de esos que sacan de siete para abajo en los exámenes y los que obtienen una plaza de la SEP con esta vergonzosa  calificación. Lo primero es  optimizar la educación del profesorado y otorgar las plazas a gente más capacitada. Los hay aunque el compadrazgo y el amiguismo con todo y la reforma educativa no  desaparecen.  Las puertas aun no se abren para todas las personas que aspiran a una plaza de la SEP porque en cada estado implementan su estrategia y como la entrega de la documentación  se realiza en las diferentes secciones sindicales, obviamente tienen acceso al concurso los más allegados, léase recomendados. La Secretaría de Educación Pública debe llevar a cabo todos los trámites, vía internet, para que no haya manos amigas que acepten unos documentos si y otros no. Las protestas de la CNTE han servido únicamente para que otras organizaciones (Sindicato Mexicano de Electricistas y el Partido de la Revolución Democrática)  politizaran el movimiento que, en un inicio, reclamaba  derechos laborales, aunque en realidad, la oposición, hasta el momento es  al examen, además de que  quieren que las plazas sigan siendo heredadas. Directores y maestros inconformes no pierden la oportunidad de expresar su descontento  aprovechando hasta los festivales para decir que los momentos difíciles que vive el país se deben a que el gobierno violó los derechos de los hijos de los maestros. Este es el problema de los maestros. La calidad de la educación no a todos les importa y menos a quienes por sus escasos conocimientos reprueban las evaluaciones, ¡ah!, pero cuando califican a los alumnos hacen gala de su poder procurando ponerles la calificación más baja. Es la ética educativa.

Por: Helena Cárdenas /  [email protected]