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Transcurría el primer año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, cuando su homólogo de los Estados Unidos, aseguró que el jefe del Ejecutivo mexicano es el que decide la política, la estrategia y las áreas de  colaboración bilateral. Un  mensaje enviado por la Casa Blanca, aseguró la  total disposición para continuar con la cooperación en materia de seguridad para  reforzar así la Iniciativa Mérida. Para avalar lo anterior el gobierno del vecino del norte realizó una visita conformada por una delegación de varias agencias de gobierno norteamericano, reiterando que  es el gobierno mexicano el que decide la estrategia en el frente de seguridad ciudadana, tanto en sus temas como en los objetivos y alcances. Dicha visita fue el preámbulo a la que hiciera el presidente Barack Obama en mayo del 2013, en la que el tema principal fue la continuación del apoyo a los esfuerzos mexicanos sobre seguridad ciudadana. El mensaje denotaba la esperanza de que el diálogo entre ambos mandatarios fuera no sólo de los problemas y amenazas sino también del progreso y los resultados. Antes de la visita de Estado mencionada, el presidente Barack Obama encabezó un acto, en la Casa Blanca, con sobrevivientes de la violencia de las armas, policías y madres de familia, ante los que aseguró  sentir “vergüenza” y urgió a los ciudadanos para que soliciten a los congresistas tomar acciones para evitar que las armas caigan en manos de criminales o enfermos mentales. Las medidas que impulsó la administración norteamericana, que está por concluir, no son radicales ni buscan quitar el derecho de las personas a poseer armas como lo indica la Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana sino que el Congreso realice revisiones más detalladas a los compradores de armas. “Las làgrimas ya no son suficientes, ni tampoco las expresiones de condolencias, ni los discursos, sino demostrar que estamos serios en las metas para evitar más tragedias relacionadas con las armas de fuego; no hay absolutamente ninguna razón para no hacerlo… hay algunas voces poderosas en el otro bando que están interesadas en cambiar de tema o sofocar las voces de la mayoría del pueblo estadounidense, para prevenir que ocurran estas reformas”, advirtió Obama. La masacre de Newton, en la que fallecieron 20 niños y seis adultos, fue el detonante para que tanto el gobierno de la Casa Blanca y  grupos civiles  implementaran una campaña de presión  con el fin de que el Congreso sometiera a voto varias medidas para incrementar el control de las armas. Pero los esfuerzos por la paz en suelo estadounidense siguieron amenazados ya que Kim Jong Un, líder de Corea del Norte, convocó a una reunión “urgente” con generales de alto rango, para exponer el plan de preparación de cohetes y ordenar a sus fuerzas estar en estado de alerta para atacar la parte continental de Estados Unidos, Corea del Sur, Guam y Hawai, respondiendo así  al uso de bombarderos norteamericanos B-2 con capacidad nuclear en los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur. La prensa de Corea del Norte dio a conocer que las fuerzas de cohetes “están listas para ajustar cuentas con Estados Unidos”. Y aunque no existen indicios de que los misiles de Pyongyang pudieran llegar a territorio de Estados Unidos, Corea del Sur  armó fuertemente su frontera y todo su territorio. Estados Unidos realizó maniobras con aviones B-2 Spirit, capaces de descargar bombas nucleares y convencionales y  son los bombarderos más destructivos fabricados a la fecha pues pueden lanzar hasta 23 mil kilos de bombas sin ser detectados por los sistemas antiaéreos. Estados Unidos envió a 28 mil 500 efectivos a Corea del Sur  para coordinar la defensa. El portavoz del Pentàgono, George Little, aseguró que el gobierno de Estados Unidos tomó muy en serio las amenazas de Corea del Norte de atacar territorio norteamericano. “Estamos preocupados por cualquier tipo de amenaza lanzada por los norcoreanos. Ellos necesitan dejar de amenazar la paz, con eso no ayudan a nadie”, dijo. Y es que en un enfrentamiento entre  potencias nucleares, como suele ocurrir, hay más bajas civiles que militares. En esa ocasión, Estados Unidos manejaba un doble discurso; por un lado manifestaba la preocupación por la violencia provocada por el uso de armas dentro de su territorio y por el otro preparaba una ofensiva que acabaría con la vida de miles de niños, mujeres, ancianos, de civiles coreanos. En el territorio mexicano se vive la violencia provocada por los grupos delincuenciales y los enfrentamientos de estos con las fuerzas armadas es inevitable. Secuestros, extorsiones, violaciones, narcotráfico, aunados a la corrupción que llega al grado de ver que gobernadores están en la lista negra de la Interpol, tiene a todos los mexicanos en constante zozobra, por lo que la propuesta de que cualquier persona pueda portar armas en su domicilio o negocio ha sido acogida por unos y rechazada por otros. ¿Los delincuentes se intimidarían al saber que los ciudadanos están armados? ¿Disminuiría la violencia? ¿Las armas podrían usarse en venganzas personales argumentando defensa propia? ¿En los hogares habría “accidentes” con las armas?, son algunas de las preguntas surgidas  ante una iniciativa que pretende que los ciudadanos busquen la paz mediante las armas.

A fondo
Helena Cárdenas
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