“Eres una hipócrita. Te la pasas leyendo la Biblia y no has entendido que la mujer se debe someter a su hombre”. Al leer esta sentencia, emanada de una pelea conyugal, no creo estar equivocada al pensar que la mayoría creería que esto ocurrió en el Medio Oriente, ahí donde las mujeres no tienen derecho ni de elegir la religión que quieran profesar, ahí donde  aun son lapidadas si cometen adulterio, donde deben taparse de pies a cabeza, donde querer estudiar puede propiciar que algún hombre decida que es mejor que la mujer muera, donde por el simple hecho de ser del género femenino no tienen derechos, y no es así, lo anterior salió de la boca de un mexicano, de un hombre que en pleno Siglo XXI sigue creyendo que en su hogar sólo él tiene voz y voto, que ser jefe de familia lo convierte en el dueño y señor de su esposa. ¿Cuántos especímenes hay como éste?, cientos, miles, millones, en todo el mundo, seres del género masculino que van por la vida creyendo ser dioses, pues hay quienes se atreven a justificar su violencia, su machismo, diciendo que Dios dijo: “Dios y hombre”,  aunque nada hacen por parecerse a ese ser universal que ama y perdona al prójimo. Han transcurrido 17 años de este siglo plagado de ciencia, de tecnología, que habla de la inteligencia de la raza humana y la mujer tiene que seguir luchando por sus derechos, tiene que exigir respeto, tiene que cuidarse a cada momento, dentro y fuera de su hogar, para no perder la vida en manos de quien para demostrar su hombría mata a su novia, su jefa, su esposa. De acuerdo con un informe de la Organización de las Naciones Unidas, de 1991 a la fecha, en Africa, algunos países del Medio Oriente y pueblos de diferentes partes del orbe, 250 millones de mujeres han sufrido mutilación genital. ¿En qué consiste esta aberrante practica? Las mujeres son sometidas a una intervención, que no se lleva a cabo en un quirófano y llega a realizarse con navajas, mediante la cual les quitan el clítoris, porque según sus “usos y costumbres” la mujer sólo está destinada a procrear, por lo cual no debe sentir placer alguno al momento de la relación sexual. Son consideradas como máquinas para tener hijos, cuidarlos, lavar, salir a conseguir alimentos y leña para cocinarlos. Reciben un trato peor que el de los animales de carga, pues a éstos se les da de beber y comer para que puedan seguir trabajando. En América Latina, incluido nuestro país, existen pueblos donde la mujer es vendida a muy temprana edad; el hombre que la compra puede casarse con ella, o no, puede hacer lo que le de la gana porque para eso es su dueño, para eso pagó a los padres de la niña o jovencita. En otros lugares, después de la boda y el respectivo festejo, los novios entran a una cabaña, donde en el lecho nupcial ha sido colocado un lienzo blanco que, al consumarse el  matrimonio, es mostrada a todos los asistentes  por el esposo o por algún miembro asignado para tal efecto; el lienzo debe tener la mancha de sangre, símbolo de la desfloración de la mujer y si esto no sucede ella es lapidada o, en el menor de los casos, expulsada de su pueblo. Los hombres no deben pasar pruebas, no respetan a esos seres que tienen el don de dar vida, que se exponen a perderla en el momento del parto si llegan a surgir complicaciones. Debido a la ola de feminicidios la CEPAL dio a conocer datos que generan temor entre la población femenina: En América Latina, de cada 12 asesinatos de mujeres,  siete suceden en nuestro país. La sociedad, las mujeres, las agrupaciones defensoras de los derechos humanos, han exigido la implementación de la Alerta de Género, en diferentes estados y sus municipios, sin embargo no hay avances, las mujeres son asesinadas si algún hombre decide no pagarle una deuda económica, son asesinadas porque se sintieron con la confianza de salir a bailar, tomar una copa y regresar a casa en un taxi de esos que ofrecen un servicio seguro, son asesinadas por caminar en la calle con su bolso de mano, porque ya no quieren seguir con el novio o porque el marido se cansó de “escucharla” y decide callarla para siempre porque dicen que la mujer: “Calladita se ve más bonita”. Y muchas viven así, “calladitas”, soportando maltrato sicológico y físico o abuso sexual que ocurre, la mayoría de las veces, en sus hogares, en esos lugares donde deben ser protegidas por su padre, hermano, tíos o por el padrastro que adquiere la obligación de padre al momento que decide vivir en concubinato o casarse con una mujer que tiene una o varias hijas, por supuesto, hay que agregar que el abuso sexual ocurre también a los niños, porque el agresor demuestra su cobardía al abusar de los pequeños. El clamor social asegura que las autoridades son negligentes porque no han encontrado el origen de los feminicidios, porque cuando una niña, adolescente o mujer, desaparece no son atendidas dentro de las primeras 24 horas  y no activan la Alerta  Amber de  inmediato, sino que lo hacen hasta dos meses después. El crimen organizado, la trata de personas, la violencia social e intrafamiliar representan el delgado hilo donde pende la vida de muchas mujeres. ¿Cuál es el origen de los feminicidios? La falta de respeto, la maldad que anida en hombres (y en otras mujeres) que creen que asesinando tienen poder. “Ni una más”. “Vivas las queremos”. “Vivas nos queremos”

Por: Helena Cárdenas /  [email protected]

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