Más antiguo que la costumbre de dormir acostado, es el espionaje de gobiernos a personas u organizaciones sociales que le son “incómodas” o “peligrosas”, con o sin comillas. En su momento, el policía que lo fue del estado mexicano, Fernando Gutiérrez Barrios, fue comparado con el fundador de la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos (FBI), John Edgar Hoover, por el poder de información que concentraba, incluso sobre políticos relevantes. Era y es una práctica ilegal que el gobierno negaba pero de la que se sabía ampliamente. Llamados “orejas”, los espías de gobierno que convivían con periodistas admitían que el espionaje se hacía desde las centrales de la entonces empresa paraestatal Teléfonos de México. Escuchaban, grababan, seleccionaban informaciones “sensibles” y reportaban a sus jefes acciones de riesgo en curso. En los teléfonos “duros” se oían ruidos raros, y muchos daban por descontado que estaban siendo “orejeados”. La tecnología estaba en pañales, hoy día los celulares no son garantía de privacidad y tampoco las redes sociales, instantánea la información veraz y a la vez atestadas de “feis” mentirosos y triviales. Ansiosos de notoriedad, están los que se dicen “jaqueados” o “perseguidos” por el gobierno, u otros que en épocas preelectorales como la actual se presumen empujados por amigos para que se postulen candidatos. Pasan como individuos acomplejados, mitómanos; mas si en las redes corren los “memes” creativos, ingeniosos y críticos, también circulan avisos útiles a propósito de personas o mascotas extraviadas mezclados infortunadamente con textos de “opinólogos de todo” que escriben con faltas de ortografía, imágenes de vanidosos alardeando reuniones, viajes, comidas y otras intrascendencias que sólo interesan a sus remitentes. Otra cosa es el espionaje gubernamental, absolutamente violatorio a la ley que el gobierno mismo dice respetar y hacer que sea respetada; que existe y seguirá atacando a periodistas y a luchadores de derechos humanos. Negado en estos días por la administración de Enrique Peña Nieto con el exhorto a las y los escuchados a que lleven sus denuncias a la Procuraduría General de la República, es la hipocresía de que el gobierno se investigue a sí mismo. Y un escándalo que no pasará de eso, que no lo hubiera sido a menos que no lo hubiese publicado el “The New York Times”, uno de los periódicos más influyentes del mundo. Sin embargo, para que en este país de impunidades al menos quede constancia, aquí la nota multi replicada: Según una investigación del diario neoyorquino, periodistas y activistas mexicanos han sido espiados mediante un programa israelí adquirido por el gobierno de México que infiltra los teléfonos inteligentes. Entre los objetivos se encuentran abogados del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, que investigan la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa; un economista que ayudó a redactar un proyecto de ley anticorrupción, dos de los periodistas más famosos de México, Carmen Aristegui y Carlos Loret, así como un estadunidense que representa a víctimas de abusos sexuales cometidos por la policía. Pegasus es el nombre del programa, un software fabricado por el grupo israelí NSA Group que lo vende a los gobiernos para investigar al crimen organizado y terroristas. Un funcionario mexicano rechazó que exista un espionaje de este tipo realizado por la administración de Peña Nieto, el diario reconoció que no hay pruebas definitivas de que el gobierno está detrás del espionaje pero indicó que, de acuerdo con ciberexpertos, hay pocas dudas de que autoridades mexicanas o algún grupo corrupto interno están involucrados. El software se apropia de información de los teléfonos inteligentes, y graba conversaciones y videos a través del propio dispositivo una vez que logra que la persona afectada dé click a un enlace engañoso. “Los intentos para realizar hackeos fueron muy personalizados: llegaron a los objetivos por medio de mensajes diseñados para inspirar pánico y conseguir un acceso rápido a los teléfonos celulares”, dice la investigación. En el caso de Aristegui, un operador se hizo pasar por la embajada de Estados Unidos en México y le imploró dar clic en un enlace para resolver un supuesto problema con su visa”. También el hijo adolescente de Aristegui recibió mensajes de texto engañosos. El de los periodistas mexicanos es un panorama muy grave, dijo Aristegui en su programa digital de radio Aristegui Noticias… y una práctica propia de un gobierno autoritario… ME LEEN MAÑANA. 

Por José Manuel Pérez Durán

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