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Ni cesando el presidente Enrique Peña Nieto al secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, serían resarcidos los daños causados a Morelos por el Paso Exprés, la obra del gobierno federal que a esta entidad no ha traído  beneficios sino una serie de calamidades que pudieron evitarse. Siete alertas le fueron enviadas a la SCT, las mismas que el gobernador Graco Ramírez fue a enumerar este lunes en un noticiero de Televisa: “Desde 2016 se hicieron peticiones para que se cambiara el tubo del drenaje que pasa por abajo (donde se abrió el socavón en el que murieron dos personas). En noviembre de 2016, la Ceagua lo solicitó; en abril de este año, Protección Civil realizó un recorrido por el Paso Express y detectó varias fallas en toda la vía y envió oficios para corregirlas; en mayo, el secretario de Gobierno envió un oficio solicitando que se atendieran; el 2 de junio, se envió otro oficio; después el ayudante municipal de Chipitlán mando oficio y, finalmente, ante toda la evidencia presentada el Ayuntamiento envió oficio”. Pero no sólo instancias oficiales cuestionaron los trabajos del Paso Exprés, tan evidentemente mal hechos que saltaron a la vista incluso a los inexpertos. En más de una ocasión, este espacio advirtió el peligro potencial del puente de la avenida Palmira que les quedó angosto, pues era para tenderlo en otro lugar, y además sin muros de protección en los costados para evitar el infortunio de un peatón descuidado que se precipitara hasta el piso del Paso Exprés y fuera arrollado por los automóviles. En esos días aún delegado de la SCT, José Luis Alarcón Ezeta lo ignoró olímpicamente, y sólo dos días después del surgimiento del socavón un joven de 28 años más tarde identificado como Omar Martínez Valdez caía del andador del puente a un carril lateral del Paso Exprés; milagrosamente no fue apachurrado por los automóviles, autobuses de pasajeros o camiones de carga, pero en la caída desde seis metros sufrió un golpe en la cabeza que, llevado al hospital del IMSS de Plan de Ayala, a la postre le causó la muerte la mañana del lunes. A diferencia de los decesos del socavón, en este caso Gerardo Esparza no habló de indemnizar a los deudos. No por nada la gente de Cuernavaca maldice la hora en que al gobierno de Enrique Peña se le ocurrió hacer el Paso Exprés. Es como una pesadilla que de pronto te ordenen: debes dejar tu casa e irte a un hotel, como les sucedió la noche del domingo a cuatro familias que viven cerca de la oquedad y de un muro de contención que amenaza colapsarse. Director de Protección Civil de Cuernavaca, Fernando Manrique Rivas explicó los pormenores: “Cerca de las 11 de la noche se notificó a las familias que era importante, por cuestión de seguridad y como una medida preventiva, que no pernoctaran en sus habitaciones, pues como sabemos todavía hay un riesgo en el muro de contención, precisamente de ahí del lado del socavón”. ¿Le gustaría al todavía y quién sabe hasta cuándo titular de la SCT que a deshoras de la noche lo sacaran de su casa? ¿O ser uno de esos hoteleros de Morelos a los que la publicidad del socavón mortal el pasado fin de semana les canceló el 30 por ciento de reservaciones, de acuerdo al reporte del presidente de la Asociación de Hoteleros del Estado de Morelos, Donaciano Hernández Vega, aproximadamente dos mil en hoteles de Cuernavaca y la zona sur del estado?  Pronosticamos a principios de febrero: Una buena, una mala y otra peor. La buena, que el 31 de marzo al fin serán terminadas las obras de la ampliación del libramiento de la autopista. Esto según una declaración del delegado en Morelos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, José Luis Alarcón Ezeta. Para la mala no hay otra palabra: el desmadre vial que poco tardarán en comenzar a padecer miles de automovilistas, locales y foráneos, por la demolición del puente Palmira. Y la peor: que el pomposamente llamado Paso Exprés y popularmente “bautizado” como Paso de la Muerte seguirá cobrando vidas, por mal hecho. “A huevo” metieron más carriles en donde no se necesita ser experto en este tipo de obras para discernir que sólo cabían seis y hubiesen sido suficientes. Angostos los carriles centrales, los conductores de vehículos chicos y medianos rebasan a centímetros de los espejos laterales, y casi rosándose los autobuses de pasajeros, camiones “tortons” y tráileres de uno o dos remolques. Desde entonces Gerardo Esparza era ya una persona nada grata para Morelos… ME LEEN MAÑANA.

Por José Manuel Pérez Durán

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