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Cuernavaca, Morelos.- Como un proceso de meditación creativa y una contemplación de la forma del concepto espacio y tiempo, define el artista morelense Ernesto Ríos su obra, trata de encapsularla tanto en fotografías como en creaciones pictóricas o en su serie escultórica.

Ernesto Ríos es un artista visual multidisciplinario, originario de Cuernavaca, Morelos; es un talento que se ha dado a conocer en diferentes partes del mundo; estudiando, preparándose y exponiendo sus trabajos en diversas latitudes.

“Me defino como un artista cuernavacense, guayabo, mexicano, latinoamericano y al mismo tiempo un artista universal”, precisó Ríos en entrevista para Diario de Morelos.

Inició su formación en las artes visuales en 1987, cuando tenía apenas 11 años. Comenzó a estudiar en el Instituto Regional de Bellas Artes en Cuernavaca (IRBAC), donde se encausó en técnicas de dibujo, tinta china, acuarela y óleo; posteriormente siguió su formación en talleres de México y América Latina, para después estudiar fotografía, lengua y literatura hispánicas.

Dentro de su formación realizó una maestría en la Universidad de Nueva York, en Estados Unidos; en su paso por Australia, en la ciudad de Melbourne, estudió un PHD, doctorado en filosofía enfocado a artes visuales y multimedia, para luego regresar a México donde actualmente trabaja de maestro investigador de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), en la facultad de artes y en colaboración con arquitectura.

El hijo de padres fotógrafos, recuerda que a escasos 10 años de edad ya tenía definido que dedicaría su vida al arte; fue a los 19 años cuando tuvo su primera exposición individual. En este año en la galería Sismo de la Ciudad de México, presentó una serie de esculturas a partir de cerillos reciclados que une y va amalgamando para crear esculturas arquitectónicas, dando forma a edificios o ciudades del futuro, hechas a partir de geometrías simples helicoidales.

“Los cerillos de madera tienen un valor simbólico especial, representan a la vida a través de la madera y al mismo tiempo a la muerte con la ceniza. Son claros de un lado y oscuros del otro, crean luz, calor, fuego y al final se transforman en pequeños restos carbonizados; finalmente un cerillo puede ser el inicio de una conflagración o materia para estimular procesos creativos y poesía”, explicó el artista.

Por: Guillermo Tapia
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