No hay tiempo que no se cumpla y México se acerca a las elecciones para la renovación del congreso federal, 13 gubernaturas, 27 congresos estatales y en 28 entidades también elecciones municipales. Renovación en medio de la pandemia más terrible que hayamos conocido los que transitamos del siglo pasado a este.

La vida sigue. Tiene que continuar. Por supuesto la política tiene sus tiempos que son imparables. Morelos camina hacia el 2021 en medio de conflictos y amenazas imposibles de soslayar.

Va rumbo a lo que seguramente será la elección intermedia más importante de lo que va del siglo. No sabemos cuál es la amenaza mayor: la pandemia y su posible rebrote; la inseguridad que no deja de crecer y día a día se vuelve más y más violenta; la economía que se precipita en caída libre sin que se vea una red de protección para mitigar el desempleo; un sistema de salud colapsado y la universidad estatal en crisis y sentenciada de antemano a padecer incertidumbre por falta de presupuesto para concluir el año.

El panorama no puede ser más desolador y preocupante. Cada uno de los temas puede, por sí solo, detonar un desgarramiento del tejido social. Nos dirigimos inexorablemente a unas elecciones en el 2021 que nos debieran permitir encontrar liderazgos que retomen el rumbo. Que nos den certidumbre, que nos digan que podremos otra vez caminar por las calles en paz.

Que nos aseguren que trabajarán para que se contenga la pobreza y no para sus personales intereses. Que darán las condiciones para que se invierta en nuestro Estado con la seguridad de que serán garantizadas sus inversiones y que generarán mejores empleos. ¿De dónde saldrán esos liderazgos que nos den esperanza? El panorama es demasiado complicado para advertirlo, para hacer apuestas, para identificarlo.

La pulverización política después de años de un solo partido, ha sido extraordinaria. Con las nuevas organizaciones políticas que podrán participar en las próximas elecciones, se volverá más complejo aún. Los partidos tradicionales están desgastados y a la deriva. Sin liderazgos auténticos que puedan reunir una militancia comprometida.

Las estrategias utilizadas hasta ahora, se ven caducadas: compra de votos a través de liderazgos populares que han perdido su eficacia; propaganda callejera que ya no impacta; difusión publicitaria en los medios tradicionales del radio y la televisión que han dejado de penetrar por la diversidad de medios y enfrentados a la competencia de las redes sociales, que han sido convertidas en un campo de batalla en donde prolifera la violencia y la denostación. Ya no son benditas las redes sociales.

 Escenario complejo. La política que conocíamos desmitificada. La violencia entre las huestes respectivas desencadenada en las redes. Videos que golpean sin piedad a los que se atrevan a lanzar una propuesta. Amenazas reales y virtuales se asoman a la arena política, creando incertidumbre y temor.

Morena sería el partido que por estar en el poder podría encabezar las tendencias. Pero parece que se desdibuja a nivel nacional, y en el Estado no ha logrado consolidar ni estructura ni presencia. Se ha perdido en las pequeñas reyertas internas con sus aliados.

El PRI está comatoso. El PAN desencajado, sin rumbo y desorientado por los advenedizos que no suman sino dividen. El PRD, desprestigiado, no se asoma por ningún lado. Los pequeños… son pequeños. El quehacer político está perdido.

El talento político está ausente. ¿Qué hacer? ¿Vamos a permitir que fuerzas sin rumbo prevalezcan y designen, ante la falta de personajes serios, preparados y comprometidos, a gente improvisada, a gente que no conoce el territorio y los modos, necesidades, idiosincrasia… pues, de los morelenses? Si lo hacemos, ante nuestra mirada atolondrada y ausente, veremos cómo continuamos viviendo a tropezones, y con una calidad de vida en descenso paulatino… en picada…

 

ARIEL HOMERO LÓPEZ RIVERA

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