Tendrán que pasar algunos meses para que la actividad sísmica en México vuelva a niveles habituales, pues el terremoto de magnitud 8.2 que se registró en septiembre pasado en la región del Golfo de Tehuantepec, provocó una falla de 250 kilómetros que dejó al área inestable, afirmó Víctor Hugo Espíndola Castro, jefe de Análisis del Servicio Sismológico Nacional (SSN).

“Faltan varias semanas (para volver a niveles habituales de sismos), sin embargo, se ve que esa actividad va decayendo y la magnitud de los sismos, aunque sigan ocurriendo, va disminuyendo. Eventualmente hay alguno que se sale como en cualquier distribución estadística y de repente puede ocurrir uno de (magnitud) 5, pero ya han ido bajando, principalmente aquellos que más alarman a la gente en esas regiones”, señaló.

Y es que, en el Istmo de Tehuantepec, luego del 7 de septiembre del 2017, sentir un sismo de magnitudes de entre 4 y 5, ya se ha vuelto cotidiano, ya que el número de temblores incrementó considerablemente.

Dos días después de este terremoto, se registraron 482 réplicas y quince días después, fueron cuatro mil 326, cuya distribución abarcó todo el Golfo de Tehuantepec; derivado de esa falla, el año pasado se localizaron aproximadamente 10 mil sismos, tendencia que en este 2018 descendió hasta un 85 por ciento.

“Ese sismo de 8.2 fue originado por un área de 200 kilómetros aproximadamente, prácticamente cruzó el Golfo de Tehuantepec, es una longitud de 250 por un ancho de 70 kilómetros. Al romperse, todo eso queda en desequilibrio, mientras más grande es el área rota, el tiempo en que tardan las réplicas también es más grande”, apuntó.

De acuerdo con el reporte anual del SSN, en 2017 se localizaron 26 mil 413 temblores, cifra superior en un 40 por ciento en relación a 2016, cuando se tuvo registro de 15 mil 460, y mayor a 2015, año en que se identificaron 10 mil 946.

Este incremento en 2017 no significa que se hayan activados los temblores en regiones donde antes no se registraban, señaló Espíndola Castro, más bien fueron derivados del sismo del 7 de septiembre pasado.

“Esto se debe en gran parte al sismo de 8.2 que ocurrió en el Golfo de Tehuantepec. Por ser un área tan extensa que se rompió y que ocasionó ese sismo, es un área que queda en desequilibrio y es lo que dio origen a gran cantidad, más de 10 mil sismos se deben precisamente a esa área”, detalló en entrevista con Notimex.

Además, aclaró, en 2017 se localizaron más sismos que en años anteriores porque también se incrementó notoriamente el número de estaciones de banda ancha del SSN, sobre todo en regiones con poca actividad.

“Mucho ha servido que se hayan puesto nuevas estaciones sismológicas. No es que haya nuevas regiones en donde haya nueva actividad sísmica que nunca se haya sentido”, aseveró Espíndola Castro.

El jefe de Monitoreo del Sismológico Nacional advirtió que número de réplicas y el desequilibrio que ocasionó en esa región se mantiene y se sigue registrando gran actividad sísmica en el Golfo de Tehuantepec.

“Quizás para que llegue a una normalidad todavía tengan que pasar algunas semanas; cuando digo que llegue a una normalidad me refiero a que se registren 10 o 12 sismos diarios en esa región porque aún antes de ese sismo de 8.2, el Golfo de Tehuantepec es una de las más activas que se tienen conocimiento a lo largo del tiempo”, apuntó.

Precisó que no se conoce exactamente cuántas semanas tienen que pasar para que la zona con ruptura se estabilice, pero, de acuerdo con la observación en otros sismos importantes, pueden pasar varios meses.

Sin embargo, advirtió, aunque se logre un equilibro de esta zona, todavía hay muchos otros contactos de la placa donde se puede generar otro sismo, “ya no como réplicas o efecto de éste sino por acción misma de acumulación de esfuerzos”.

México está en un riesgo latente, ya que de acuerdo con el SSN, el país se encuentra en una zona de alta sismicidad debido a la interacción de cinco placas tectónicas: de Norteamérica, de Cocos, del Pacífico, la de Rivera y la placa del Caribe.

El organismo del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reporta que por esta interacción es normal que ocurran sismos y, en condiciones estables, se reporta en promedio 40 sismos por día, de los cuales la mayoría son en Chiapas y Oaxaca.

La sismicidad en esa zona se debe al contacto convergente entre dos importantes placas tectónicas: la placa de Cocos, al sureste la del Caribe, y la Placa de Norteamérica.