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Cuernavaca, Morelos.- Sus hombres de batalla y la historia lo ubican como un general enérgico y decisivo, “casi en lo más malo que en lo bueno”, diferente a su hermano, el general Emiliano Zapata Salazar.

“El general Emiliano era un hombre muy recapacitado, no hacía las cosas con violencia, primero las estudiaba para resolver lo que debía de hacerse, lo que no era don Eufemio”, describió el Teniente de caballería, Simón Pineda Barragán, en documentos de archivo histórico.

Fiel a los postulados de la lucha agraria, Eufemio Zapata, apodado “El Flaco”, cobró fama por reivindicar la bandera del zapatismo y el 30 de abril de 1912 devolvió las tierras que habían sido arrebatadas a los campesinos del pueblo de Ixcamilpa, Puebla.

Al general Eufemio Zapata Salazar, hombre de batalla y segundo al mando del Ejército Libertador del Sur, lo mataron tres veces. Dos de ellas con notas periodísticas y, la tercera, por disparos de arma de fuego. Alrededor de su muerte surgieron versiones sobre una supuesta riña de cantina, como origen de su asesinato, pero documentos históricos sugieren que la muerte fue urdido por zapatistas cooptados por el gobierno de Venustiano Carranza, para cercar a Emiliano Zapata en Cuautla y asesinarlo.

Cuando lo mataron, Eufemio era general y jefe de la plaza de Cuautla. Era el segundo al mando en el Ejército y pieza clave en la estrategia de cercar a su hermano, a quien lograron asesinar en abril de 1919”, cuenta Edgar Castro Zapata, historiador y bisnieto del general.

SILLA DEL MAL AGÜERO

Comprometido por rescatar y transparentar el legado histórico de la lucha zapatista, Castro Zapata cuenta que su tío Eufemio era 15 años mayor que el jefe revolucionario, y cumplía las comisiones de más confianza. En combate conquistó el grado de general por su valentía y coraje.

En 1911 Eufemio era comerciante en Veracruz y allí lo encontró el estallido de la Revolución maderista. En abril se incorporó a las fuerzas de su hermano, en el pueblo de Tepexco, Morelos, y juntos lograron el sitio y toma de Cuautla, en mayo.

Para junio, Madero entró triunfante en la Ciudad de México después del triunfo en Juárez, y dos meses después, en agosto, Eufemio ya con grado de coronel, junto con Jesús Morales, fueron a Tehuacán, Puebla para entrevistarse con el jefe de la revolución. 

Después Eufemio lo recibió en Yecapixtla, y le prestó seguridad para acompañarlo hasta Cuautla.

La historia registra que el 23 de agosto comenzaron los movimientos de tropas federales y el más ‘ominoso’ fue el del general Victoriano Huerta, quien pasó por Yautepec con dirección a Cuautla. “No tenía autorización y sin duda era innecesario, pues revolucionarios federalizados de Veracruz se habían encargado ya del orden en Cuautla, y como el licenciamiento de sus hombres aún no se había acordado, Zapata y sus oficiales estaban furiosos. 

“Un grupo de zapatistas, en el que figuraba Eufemio, quería matar a Madero, el ‘chaparrito’, por considerarlo traidor a la causa agraria al intentar desarmar a los surianos. Emiliano se percató del asunto y que sería un desastre; él y Eduardo Hay, lograron calmar el motín, dado el carácter explosivo de Eufemio”, consta los archivos.

Las batallas y sus triunfos permitieron al Ejército Libertador del Sur entrar a la Ciudad de México el 2 de diciembre de 1914, detrás de ellos llegó la División del Norte, ambos en el acuerdo de la Convención de Aguascalientes, y fue Eufemio el encargado de entregar el Palacio Nacional al presidente provisional Eulalio
Gutiérrez. 

Quienes asistieron ese día al Salón Embajadores del Palacio Nacional escucharon un discurso con mensajes que describen el apetito de poder. Por muchos años el discurso fue adjudicado a Emiliano Zapata, pero en realidad fue su hermano el autor del mensaje.

“Cuando los hombres del sur nos lanzamos a la Revolución para derrocar a los dictadores que se habían posesionado de la silla presidencial, hice una  promesa a mis muchachos: la de quemar la disputada silla, tan pronto como hiciera mi entrada a la capital.

“Tiene un talismán de mal agüero. Porque he notado que todos los que en ella se han sentado, se olvidan de sus promesas y compromisos que hicieron y su único sueño es el de permanecer por mucho tiempo en ella.

“Pero me encontré con que se la llevó Carranza con la intención,  de sentirse presidente de la república cada vez que se sienta en ella.

“Nosotros los hombres del sur, nos lanzamos a la revuelta no en pos de conquistas de puestos públicos, ni para habitar palacios, ni usar magníficos automóviles Nosotros hemos venido peleando por derrocar las tiranías y conquistar las libertades que hemos aspirado, y que a nuestros hermanos les sea impartida la justicia.

“Ya irá usted a Morelos, señor presidente, y se convencerá de lo triste y desolada que está mi tierra natal, con sus pueblos incendiados, con nuestros hogares destruidos por esa gente que no tuvo corazón. Los de Morelos carecen hasta de pan, y yo mismo y mis hijos no tenemos hogar, pero nunca desfallecimos por la conquista de nuestras libertades. Jamás desmayamos ni aún en los momentos de mayor prueba, cuando cansados, fatigados y sin alimento contentábamos para quitar nuestra hambre, con un puñado de habas tostadas”, pronunció.

EL CRIMEN 

Eufemio también firmó el Plan de Ayala, por el que se le exigía a  Madero cumplir con el programa agrario que había firmado en su convocatoria a la insurrección.

Dice Edgar Castro que el activismo y liderazgo de su tío Eufemio preocupó tanto a las fuerzas  de Madero, que en abril de 1912 circuló en los periódicos la noticia de su muerte, pero el Diario del Hogar, lo desmintió.

“Aún vive el hermano de Zapata, sigue combatiendo bajo sus órdenes. A los que afirman que Eufemio es un mito y que ha muerto desde hace tiempo les causará sorpresa el saber que el mito vive como cualquier mortal y que en su calidad de segundo de las fuerzas sigue dando quehacer a los federales”, publicó.

En su texto da cuenta de su presencia en los pueblos de San Pablo y Santa Clara, próximo a Tecamachalco, “en cuya población también disfrutó de un descanso y tranquilidad patriarcales”, se leyó.

En 1913, tras el asesinato de Madero y la usurpación de Huerta, Eufemio llamó a las armas contra ese gobierno e integró la Junta Revolucionaria del Centro y Sur de la República y, de nuevo, los diarios “confirmaron” su muerte en combate, en Chiautla, pero Eufemio seguía con el reparto de tierras en Cuautla (1914) .

LA TERCERA

Al empezar 1917, el zapatismo enfrentaba creciente predominio carrancista en Morelos, y en ese ambiente surgieron diferencias entre los jefes zapatistas. Por ejemplo, Eufemio le escribió a su hermano para denunciar los abusos de un subordinado suyo, precisamente quien luego reportaría el crimen meses después. “Los atropellos y desmanes que comete Vicente Rojas en unos por sus tropas y en otros por él mismo y espero que Ud. tome cartas en el asunto, para que a éste hombre le llame la atención como es debido porque ya es un esbirro y plagiario. 

A otro compañero revolucionario le llamó “analfabeta” y pidió disculparse por alguna leve ofensa, caso contrario “tendrá que saber a lo que sabe mi machete”. Generalmente, dice Castro Zapata, esos conflictos se debían a controversias de índole morales, sociales y territoriales.

Por eso considera que la muerte de Eufemio es el caso más sintomático de la situación que enfrentaba el movimiento suriano frente a la presencia carrancista en Morelos. Varios jefes se dieron a la deserción, como Sidronio Camacho.

El 20 de junio de 1917, el diario El Universal, entrevistó al subsecretario de Guerra de Carranza, general Agustín Castro, quien les dio copia de un telegrama para afianzar la historia errónea sobre la muerte de Eufemio.

“Cuando Eufemio tuvo conocimiento de la rendición (de Sidronio y Caballero), pretendió evitarla dándose un encuentro entre las tropas de ambos “jefes” triunfando al fin las fuerzas de Camacho, las cuales lograron matar al tristemente célebre bandolero”, dice el telegrama.

El cadáver de Eufemio Zapata fue inhumado en el panteón municipal de San Miguel Anenecuilco, por órdenes de Emiliano. 

Ante la noticia, Emiliano dejó el ataque de Buenavista y se encaminó al Plan de las Amilpas para conocer los hechos. El informe fue comunicado por el presidente municipal de Cuautla.

“…hago la dolorosa pena de participarle, que habiendo tenido conocimiento de que el señor general Eufemio Zapata, llevado herido y en calidad de preso, en unión de los jefes Caballero y Julio Díaz, por el jefe Sidronio Camacho y su gente, fue abandonado cerca del rancho de San José en un estado agonizante en cuya virtud dispuse se fuera a traer,  y al llegar con el herido a su casa falleció momentos después. H. Morelos junio 18 de 1917”, cita el informe.

Un año después se descubrió la traición por medio de una carta fechada el 11 de diciembre de 1918, escrita por Napoleón Caballero, ex secretario de Eufemio, y dirigida a Carranza.

“Mucho le agradecería se sirva decirme, si podrá recibirme para tratar un asunto de importancia. Soy aquel de quien se ocupó la Prensa de esa Capital con motivo de la muerte de Eufemio, y la audiencia que me permito pedirle tiene alguna relación con este acontecimiento, suplicándole se sirva señalarme día para ser recibido”, se lee en el documento histórico rescatado por Edgar Castro Zapata.

Por: JUSTINO MIRANDA
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