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En 1990, el Papa Juan Pablo II proclamó Beato a Juan Diego y dio paso al proceso de canonización, que se consumó tras el milagro que realizó el 6 de mayo de ese mismo año, cuando el joven Juan José Barragán Silva resultó ileso de una caída de más de 10 metros de altura.
Según cuenta la madre del muchacho , desesperado y bajo el efecto drogas, se hirió con un cuchillo y frente a ella se tiró de cabeza al vacío desde un balcón, a una altura de 10 metros. Esperanza, la mamá, ha contado que justo cuando el joven estaba cayendo lo encomendó a Dios y a la Virgen de Guadalupe, e invocando a Juan Diego le dijo: “Dame una prueba, ¡sálva a mi hijo! Y tú Madre mía escucha a Juan Diego”.
Según los médicos, su muerte debía haber sido inevitable por la altura y el fuerte impacto, de aproximadamente dos mil kilos en su cráneo; sin embargo, a los tres días de su hospitalización Juan José se curó de las heridas de la caída, y también de su adicción. Los especialistas consideraron que esto era científicamente inexplicable.