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Los platos vuelan por el aire, las cazuelas se estrellan contra el piso, los cuchillos se desempolvan; todos están listos para ir a la guerra con tal de echarle la culpa al de enfrente y librarse del problema. No obstante, todos son responsables, los tres niveles de gobierno y,  en particular, sus cabezas, que fueron quienes incumplieron con el deber de brindarle a la ciudad una autopista segura y bien hecha. 
Sin embargo, en medio de ese hedor de negligencia y corrupción que es el Paso Exprés, hay un personaje que no cortó el listón de la inauguración, que no salió en los periódicos al día siguiente y que la prensa no persiguió para entrevistar, pero fue el único que cumplió con su deber. Estoy hablando del ayudante municipal de Chipitlán, Mario Meneses.
Mientras los poderosos involucrados con la obra se adulaban mutuamente y se daban palmadas para felicitarse, Meneses acompañaba a los vecinos que día a día sufrían las consecuencias de una construcción que, de principio a fin, despreció a quienes vivían  en sus alrededores. Entre juntas vecinales, reuniones infinitas con funcionarios menores donde nunca se arreglaba nada y oficios ignorados por las autoridades, Meneses estuvo presente, de la mano de su comunidad, a lo largo de estos catastróficos meses. 

Justamente estar ahí, hablar directamente con los habitantes, caminar por la zona fue lo que le permitió prever la desgracia del miércoles pasado. Fue la única autoridad, de entre las decenas de instancias inútiles que existen, que alertó sobre la situación.

En ese sentido, es completamente entendible que las altas autoridades no se hayan enterado, pues su vida transcurre en restoranes, oficinas con aire acondicionado, “recorridos” para dar dádivas a los pobres con cargo al erario, empleados que filtran sus encuentros para no tener que hablar con nadie molesto, choferes para no tener que esperar y huir en caso de que aparezca algún problema. 
En este caso, como en muchos otros, las autoridades más pomposas probaron ser mucho menos confiables que aquellas  más cercanas a la ciudadanía. Por eso, es que se necesitan más gobernantes  a ras de suelo, que sean electos directamente por la comunidad y le tengan que responder a ésta; autoridades a quienes la gente pueda ubicar, saber dónde viven e ir directamente ahí si no responden. 
No obstante, en lugar de acercar la autoridad a la comunidad, en Morelos se ha buscado alejarlas. Con la supuesta intención de ahorrar recursos, el congreso disminuyó el número de diputados y de regidores. Es decir, ahora más ciudadanos deberán compartir al mismo diputado y al mismo regidor. 
Seguramente usted pensará que de todas maneras los diputados y los regidores no sirven para nada y es cierto, el problema es que la solución no está en distanciarlos de la gente sino justamente en acercarlos y obligarlos a rendirle cuentas a quienes representan. Sin embargo, para que eso sea materialmente posible, un representante popular tiene que tener un número limitado de representados o de lo contrario, aunque sea bueno, no podrá atender a todas las personas. 
El ayudante municipal, Mario Meneses, es el héroe del socavón. Gracias a su trabajo, la Secretaría de Comunicaciones (SCT) y sus cómplices no nos pueden venir con el cuento de que no sabían nada. Ojalá hubiera más como Meneses.
 

Por Vera Sisniega

www.verasisniega.org