Los mosquitos que viven de nuestra sangre, pocas veces detectamos y menos aún aplastamos, utilizan una técnica de despegue que los pone a salvo y es diferente a la de otros insectos.

Investigadores australianos prácticamente han descifrado esa técnica que podría ser usada para mejorar el diseño y operación de los drones.

La mayoría de los insectos saltan al aire y comienzan a volar, una acción mucho muy difícil de realizar para los mosquitos, en particular las hembras que tras una buena succión de sangre, triplican su peso.

El ingeniero aeroespacial Sridhar Ravi, de la RMIT University con sede en la suroriental ciudad australiana de Melbourne, agrega que los mosquitos están rodeados de una selva de vellos humanos, y si saltan, podrían despertar a su anfitrión y morir aplastados.

Para dejar a su proveedor de sangre sin despertarlo, estudiaron en video su despegue con ejemplares de mosquitos Anopheles coluzzii.

Encontraron que la operación de despegue inicia con el batir de alas a una velocidad de 600 veces por segundo, tres veces más rápido que otros insectos del mismo tamaño, por ejemplo la mosca de la fruta.

A esa velocidad el mosquito alcanza el 61 por ciento de la fuerza necesaria para despegar. Cuando las alas llegan a ese ritmo, y no antes, es que los mosquitos se empujan y vuelan.

De acuerdo a la observación, desde el primer movimiento de las alas hasta el momento de que dejan a su víctima, pasan 30 milisegundos, señaló un reporte de la Australian Broadcasting Corporation (ABC).

En contraste, el despegue de una mosca de la fruta que se haya posado en una piel humana, si es registrado por los sensores de los vellos, precian los investigadores en un trabajo que aparece en el Journal of Experimental Biology.

La observación del despeque de los Anopheles coluzzii fue hecha con videos a alta velocidad de mosquitos hembra tanto que ya se habían alimentado como sin alimento, y como pista de despegue se usó una plataforma.

Ravi dijo que las formas de despeque de los pequeños insectos todavía son poco conocidas, pero tienen el potencial para inspirar el diseño de microrrobotos en misiones encubiertas y que requieren despegues y aterrizajes rápidos e imprevistos.

Esta línea de trabajo va en la frontera entre la ingeniería y la biología, añadió el experto, quien puntualizó que la curiosidad detrás de esta investigación, es una fuente de inspiración.