Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán pasa 23 horas al día aislado en una celda donde la luz siempre está encendida en el Metropolitan Correctional Center de Manhattan mientras espera el juicio que podría condenarlo de por vida.

 

El narcotraficante viste uniforme color naranja y camina de lado a lado, se recuesta un momento en la cama y vuelve a caminar, explica su abogado. El litigante afirma que su defendido tiene la mirada perdida y ha perdido peso.

Este lunes se cumplen dos años de la recaptura de Guzmán Loera y el primer aniversario de su extradición a Estados Unidos se cumplirá a finales de enero.

El Chapo está aislado en una habitación con una regadera, un escusado y una ventana pequeña en la parte superior desde que llegó a suelo estadounidense. La hora que no está en su celda es conducido por los custodios a una bicicleta estática para que se ejercite.

Las autoridades de Estados Unidos aseguran que las condiciones estrictas que afronta Guzmán en su confinamiento en Nueva York son las apropiadas para alguien que ya logró escapar en dos ocasiones de cárceles de alta seguridad en México, incluyendo una en la que escapó por un túnel de cientos de metros.

Además, los fiscales indicaron que cuando el capo estaba encarcelado en su país de origen seguía manejando al cártel de Sinaloa a través de mensajes con códigos, sobornos y otros recursos, mismos que también utilizó para sus fugas.

El abogado Eduardo Balarezo, defensor del criminal, intenta ordenar alrededor de 300 mil folios del sumarios, sin contar los miles de videos que pesan contra El Chapo.

Sin embargo, Guzmán Loera, considerado el gran narcotraficante a nivel mundial capaz de crear una multinacional de la droga con presencia en decenas de países en cuatro continentes, no habla inglés ni maneja la computadora, por lo que las tres o cuatro horas semanales que pasan juntos preparando el juicio son prácticamente infructíferas.

“El Chapo, de 63 años, está mal, no está incapacitado, pero está perdiendo la memoria y está poniéndose paranoico. Repite mucho las cosas y se le olvida todo enseguida. A veces hablamos algo y a los 15 minutos se le ha olvidado. Eso afecta a la manera de trabajar porque tenemos un cliente que no sabe decir si paso algo, cómo fue o cuándo pasó”, declaró al diario español El País, Balarezo, encargado de la defensa legal del narcotraficante desde septiembre del año pasado.

“Se nota que es una persona lista, no tiene educación formal , pero es inteligente, aunque no sé si brillante. Tiene buen humor y a veces nos reímos”, agregó el defensor.

Guzmán Loera se ha declarado inocente de dirigir al cártel de Sinaloa, responsable de introducir toneladas de cocaína a Estados Unidos, lavar miles de millones de dólares y de ordenar asesinatos y secuestros.

La defensa del criminal pidió posponer el juicio de abril a septiembre ante la imposibilidad de revisar el material a tiempo.

“No solo se trata de las condiciones a las que lo tienen a él sometido sino bajo las que tenemos que trabajar nosotros”, afirma Balarezo.

“Estamos dos personas apretadas en una sala de 1.5 por 1.5 metros, no hay una mesa para poner documentos, escribir o poner la computadora. Es ridículo. Tengo que tener la tableta en las piernas para poder anotar algo y verlo por una reja y una ventanilla. Intentamos hablar a un volumen muy bajo para que no escuchen todo los policías”, explica vía telefónica el litigante.

Eduardo Balarezo es un abogado especializado en la ley RICO, con experiencia de haber defendido a narcotraficantes como Alfredo Beltrán Leyva o el chino Zhenli Ye Gon, entre otros.