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Cuernavaca, Morelos.- Cuenta la leyenda que se formó cuando al no regresar su prometido, un valiente guerrero, de una batalla, la doncella en cuestión, murió llorando y su cabellera siguió creciendo, los dioses la convirtieron en cascada y al guerrero en río; según la reseña mitológica así nació el Salto de San Antón.

 El inmueble natural, compuesto por una belleza que pareciera de cuento, es sin duda un lugar valorado por propios y extraños a Cuernavaca, este recinto tiene su historia y forma parte del patrimonio ecológico del estado de Morelos.

El Salto, se encuentra rodeado de verde espesura que lo rodea una escalinata enlazada a un mirador, donde se visualiza la exhibición natural; el sitio tiene la cascada, que según expertos, cuenta con 40 metros de altura y aproximadamente 30 de profundidad.

Vecinos nativos de San Antón recuerdan cuando clavadistas se daban cita en el lugar para practicar saltos desde lo más alto de la catarata, cuando decenas de visitantes acudían a presenciar el acto de valentía.

 Compuesto de basalto cristalizado, hace ya algún tiempo, se encontraron dos piedras prehispánicas formadas por este elemento, una de ellas llamada “Lagarto de San Antón”, la cual posa frente al palacio de Cortés.

 Allí cerca, frente a la edificación natural, se encuentran distintos viveros, los cuales muestran su variedad de plantas que ofertan a visitantes, gracias a la zona y la vegetación se vuelve un lugar propicio para la preservación de la flora.

 También, formando parte de la historia contemporánea del lugar, se encuentra un rincón culinario que se especializa en un platillo elaborado con Codorniz, el Restaurante el Salto, que desde 1977 atiende a los turistas que concurren a visitar la reserva natural.

 Sin duda, el Salto de San Antón nos remonta a la Cuernavaca de la época prehispánica, pasando a la etapa Virreinal, Independencia y hasta el México contemporáneo. 

Por: Guillermo Tapia
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