La gran Final del Apertura 2018 del balompié mexicano tuvo dos características primordiales: 1) Que el futbol desplegado por ambos conjuntos fue de paupérrima calidad y 2) Que el silbante César Arturo Ramos Palazuelos realizó un estupendo trabajo, rayando en la excelencia.

El nazareno se prodigo mostrando una gran condición física, realizando un buen manejo de los cartones preventivos y mostrando: personalidad, serenidad y concentración. Su actuación, muy por encima del encuentro.

Aunque el América ganó bien el partido, me extrañan tantas alabanzas; digo, en mi opinión fue la Máquina Celeste quien terminó por entregar el juego, mediante un error infantil del cancerbero Jesús Corona, haciendo honor a su estirpe, al cruzazulearla, para así darle en bandeja de plata el título a los de Coapa.

El gol de la quínela despierta interés desde el punto de vista reglamentario. Por principio de cuentas, la acción se origina en un saque de meta. No han faltado aquellos que afirman que “no era saque de meta; sino que era tiro de esquina”. Ya checamos la toma televisiva y todo se deprende de un disparo desviado de Láinez, que no toca a ningún defensor. De cualquier forma, el portero de la Noria se precipita y realiza el saque de meta. Al momento de su ejecución hay dos futbolistas americanistas dentro del área penal. De acuerdo con la regla, todos los jugadores del equipo adversario deben estar fuera del área de los 16.50 m.

El balón se considera en juego en el momento en que abandone el área. Si Oribe Peralta, quien era uno de los jugadores “invasores” toca o roba la pelota antes de que salga del área, se repite el saque, porque el balón no estaba todavía en juego.

Si el mismo Oribe, toca o juega el balón cuando ya está fuera del área, se repite el saque, porque no puede tocarlo; en virtud de que estaba invadiendo el área.

Sin embargo, una vez que el balón abandonó el área penal, el defensor Marcone tocó el balón, con lo que, automáticamente, “habilita” a sus adversarios. Luego entonces, aunque el Cepillo era un “invasor”, deja de considerarse ilícita su participación cuando el balón es tocado por un adversario.

Ante esta situación, se realizó una “revisión silenciosa” en el VAR, para corroborar que efectivamente, el gol de las Águilas no había estado viciado, razón por la cual, se retrasó unos segundos la reanudación del partido.

Cuando el silbante se pone la mano en la oreja, nos está indicando mediante dicha universal y reglamentaría seña, que la jugada se está revisando en el camioncito. Hago la aclaración para aquellos que: o no se percataron de esta situación o son… detractores del VAR.

Reglas y reglazos
Eduardo Brizio
ebrizio@hotmail.com


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