La casa del olindo  {y otras curiosidades de acapantzingo}

Cuernavaca, MORELOS.- No sólo belleza, apacibilidad y la colección más grande de plantas más numerosa del país posee la llamada Casa de Maximiliano, Casa del Olindo o más oficialmente Jardín Etnobotánico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ubicado en el poblado Acapantzingo.
De acuerdo con Raúl González Quezada, arqueólogo investigador del INAH Morelos, el chalé construido por orden del emperador Maximiliano de Habsburgo en la Casa del Olindo es el único ejemplo en Morelos de arquitectura del segundo imperio en México.
La primera edificación con la que uno topa al ingresar a la Casa del Olindo, rodeada de exhuberante y fresca vegetación, ya estaba construida cuando el emperador proveniente de Austria decidió adquirirla, en 1865, pues anteriormente fue un rancho.
A partir del año siguiente, inició la construcción de lo que fue el chalé o casa de descanso, que de acuerdo con el investigador González Quezada se complicó debido a que en Cuernavaca sólo había dos ladrilleras y no se daban abasto para la edificación.
Durante el recorrido por el chalé se puede observar lo que en su momento iba a ser una piscina y que ahora es hogar de peces y tortugas, así como la pequeña terraza y los cuartos por separado de Maximiliano y su esposa, Carlota.
Tras el fusilamiento del emperador, en Querétaro, la Casa del Olindo fungió como sede de escuelas de diversas artes hasta quedar en abandono, por lo cual durante la década de los 70 del siglo pasado fue entregada por pobladores al INAH, que llevó a cabo una ardua labor de restauración, dando prioridad total al entorno arbóreo.

es un paraíso en verde
Cuando uno platica con habitantes veteranos de Acapantzingo
coinciden en que durante la primera mitad del siglo pasado el pueblo era 100 por ciento rural y de siembra, pues gracias a la existencia de varios manantiales era común que las familias de ejidatarios tuvieran huertas de guayabos, sembraran arroz, maíz, tomate y jitomate.
La urbanización poco a poco le ganó terreno a lo rural y muchos manantiales fueron entubados y sepultados bajo el concreto, pero afortunadamente aún se puede ver el afluente de uno de ellos que forma un pequeño apantle que llega a cruzar justamente la Casa de
Maximiliano.
Es por ello que el agua nunca falta para alimentar a las miles de especies de plantas que tienen un inmejorable hábitat en la llamada Casa del Olindo de Acapantzingo, cuya entrada es gratuita durante los 365 días del año.
De hecho, comenta el arqueólogo González Quezada, reciben visitas escolares y los jóvenes universitarios tienen oportunidad de prestar ahí su servicio social.
El espacio es un remanso de tranquilidad como ya quedan pocos tan cercanos al centro de la capital morelense y claro ejemplo de que la naturaleza no sólo regala bellas postales, también, mucha vida.

Bellezas que luchan contra la urbanidad
De acuerdo con el investigador del INAH, en tiempo de lluvia, el agua del apantle corre casi cristalina, aunque no es potable.
Durante el de sequía baja sucia porque durante su trayecto desde el manantial ubicado cerca del Parque Ecológico San Miguel Acapantzingo sufre descargas del drenaje.

Por: Angie Díaz /  [email protected]

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