CIUDAD DE MÉXICO.- El término viene de los tiempos de la República y del Imperio Romano, como silla curul (del latín sella curulis, que procede de currus, carro de guerra).
De acuerdo con Theodor Mommsen, en su Historia de Roma, en la Monarquía (especialmente durante el reinado de Tarquino), sólo el monarca podía circular por la calles o presidir actos públicos sentado en una silla a bordo de carros tirados por caballos, era el símbolo de su rango. De esta costumbre deriva el término de silla curul o “silla del carro”.
Según el historiador romano Tito Livio, la silla curul fue originaria de Etruria y servía para identificar a los magistrados, los magistrados veteranos o los promagistrados que poseían imperium.
Dion Casio, a principios de 44 A.C., aprobó un decreto del Senado que concedió a Julio César el uso de la silla curulis en todas partes, excepto en el teatro.
La silla curul era habitualmente de marfil, con asiento cuadrado y patas curvadas formando una amplia “x”. No poseía respaldo y sus brazos eran bajos. Podría ser plegada, haciéndola transportable para ser usada por los magistrados o los jefes militares en campaña (en este caso se llamaba sella castrenisis).
Según parece, la curul resultaba intencionadamente incómoda, obligando a los servidores públicos a ser diligentes en su trabajo, recordando de paso que la función pública era transitoria.
Nunca se ha perdido su uso, en la Galia merovingia (reino germano) se prosiguió la tradición romana del uso de la curul como símbolo del derecho a administrar justicia. Sus sucesores, los Capetos, mantuvieron el simbólico asiento.
Como reminiscencia histórica, en Latinoamérica se aplica el término curul para referirse al escaño que ocupan congresistas y otros altos cargos de la administración pública, y se le añade el escritorio.

En México
En el lugar que antes ocuparon el mercado del Factor y el Teatro Arbeu se instaló en diciembre de 1872 la Cámara de Diputados. Al incendiarse su recinto ubicado al interior de Palacio Nacional, el presidente Sebastián Lerdo de Tejada decidió retomar las abandonadas instalaciones teatrales para fines constitucionales.
El fuego parecía corretear a los diputados: En 1909, otro incendio terminó con los archivos legislativos y dejó en la calle por un tiempo a los regidores, en espera de que el flamante edificio, proyectado en lo que hoy se llama Monumento a la Revolución, fuera terminado, pero la Revolución nuevamente cortó de tajo el proyecto.
Sin más opción, el antiguo Teatro Arbeu y luego Cámara de Diputados quedó como única opción: Para su restauración fue convocado un concurso, que ganó el arquitecto Mauricio de María y Campos, con un proyecto que por primera vez emplearía acero mexicano.
Luego de ser inaugurado, uno de los primeros actos llevados a cabo fue la renuncia de Porfirio Díaz, y desde entonces, hasta 1981, año en el que se construyó el edificio de San Lázaro, en este recinto se fraguó buena parte de la ‘politice’ nacional.
En la actualidad, este inmueble es la sede de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Antigua Cámara de Diputados
El pupitre presenta al centro un Águila Republicana dorada, enmarcado en un listoncillo y con botones de remate en dorado. La tapa del pupitre, al centro con piel en color verde olivo, se abate para guardar documentos.
La curul propiamente dicha, forrada en piel de color verde militar, remata en el respaldo con un medallón donde se ve una “C” y una “D” de Cámara de Diputados, y a los lados laureles. Ambos en madera laqueada en negro.

Sede. Antiguo teatro Arbeu, ahora sede de la Asamblea  Legislativa, ubicada entre las calles 16 de Septiembre y Venustiano Carranza.

 

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