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Si hay un juego en que se desplieguen las nociones básicas del pensamiento lógico y que nos da, desde muy temprana edad, la posibilidad de una igualdad de oportunidades es: Piedra, papel o tijeras. Además es un juego universal, todos sabemos, o aprendemos muy rápidamente, que la piedra pierde ante el papel, que la envuelve; que el papel es derrotado por las tijeras, que lo cortan, y que las tijeras son aplastadas por la piedra. Así en una jerarquía bellamente circular, podemos definir quien gana algo: el privilegio de ir de copiloto en un auto, la última dona de la docena o incluso el invitar a bailar a la damisela en discordia.

Hace unos meses, hemos visto que gran cantidad de medios masivos de comunicación impresa: diarios, semanarios y hasta revistas de circulación mensual, están haciendo la transición de sus presentaciones impresas a presentaciones digitales. Aunque los problemas de acceso a dispositivos de lectura digital cada vez son menores. Todavía hay un segmento importante de la población que no cuenta con computadora, Tablet o Smartphone para poder visualizar en pantalla sus contenidos favoritos. Agravando la situación, un segmento aún mayoritario de quienes tienen dispositivos lectores, no los usa regular o preferentemente. Y yo, debo confesar con un poco de vergüenza, soy parte de ese segmento. Aunque regularmente leo documentos digitales, no lo prefiero; todavía soy de esa generación que prefiere tener hojas en las manos y acariciarlas, doblarlas o rayonearlas (¡perdóname Chaparra!). Soy de la generación del papel.

Seguramente la transición de usar como material de lectura la piedra al pergamino (y posteriormente papel), fue mucho más suave y bien recibida. Las ventajas mecánicas y prácticas, harto obvias, de cargar con un monolito a con un rollo de pergamino para transmitir el conocimiento escrito se impusieron. Curiosamente, las ventajas sustentables de usar pantallas en lugar de papel son superiores. La lectura digital consume mucho menos energía que la generación de ediciones impresas y por lo tanto es mucho más amigable con el ambiente, la economía, la sociedad y las instituciones, pues los medios digitales nos aportan. Además, la ventaja de la trazabilidad y la contabilidad. Podemos saber exactamente cuánta gente nos lee, durante cuánto tiempo, a qué hora, antes o después de visitar que sitios, etc., etc., etc.

Necesitamos, todos, promover la lectura y escritura en medios digiales. La primera por motivos sustentables, la segunda por promover un acceso equitativo a los medios de comunicación. Es urgente promover la generación de contenidos de calidad en español en la esfera digital, así como generar estrategias que acerquen a los lectores al mundo virtual. Lectores digitales más amigables, documentos portables entre plataformas, etiquetado sensible y coherente de los contenidos para un mejor acceso, son algunas de las áreas oportunidad que aún enfrenta la cultura digital.

Apostemos a la sustentabilidad y a la democracia digital. Es la era de la pantalla, que está suave pero inexorablemente aplastando al papel.