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Por Karla Cedano en colaboración con Karla Ricalde

De niña, en los libros de texto gratuito, había una anécdota sobre como las partes del cuerpo reclamaban para ellas el título de ser “la más importante”. Entonces, dando una serie de explicaciones, cada órgano argumentaba por qué era más importante que el resto. La boca señalaba que sin ella se morirían todos de hambre a lo que los intestinos respondían que si no fuera por su absorción de nada serviría, los pulmones que sin ellos no llegaría el oxígeno que tanto necesitan para funcionar, los huesos que daban soporte y estructura, y así sucesivamente cada parte aseguraba que era la más importante. Al final se daban cuenta de que los argumentos de cada parte eran correctos que todas eran sumamente importantes y que sin las otras no podrían subsistir.

Hace algún tiempo, quince años para ser exacta, un compañero de trabajo algo tóxico, me dijo entre risa y risa, comentando lo que una persona a mi cargo opinaba de mí: “Paty dice que lo único que sabes hacer es delegar y que lo haces muy bien”. Por supuesto, de golpe y porrazo, me di la ofendida de la vida. Felizmente, con los años, reconocí que soy muy buena delegando, y mejor aún, no es lo único que sé hacer.  La felicidad de mi descubrimiento se basa en que, como es bien sabido, el trabajo en equipo efectivo requiere de un reparto adecuado de responsabilidades, y aún más importante, de confiar en la labor del resto de los demás para integrar los resultados de todos. Es decir, no basta asignar a quien le toca hacer que, sino es indispensable confiar en que las partes harán su labor de la mejor manera, y esto implica que nosotros debemos entregar resultados con la mejor calidad posible.

El cuerpo humano es el ejemplo perfecto de un buen equipo; cada parte confía y depende de que el resto de las partes desempeñen su función de manera adecuada. La boca sabe y confía en que los intestinos absorban los nutrientes de la comida que ella ayudó a procesar; y los intestinos confían en que la boca, el estómago, el hígado, y el resto del aparato digestivo, hicieron su parte en el proceso de la digestión. En mi espacio de trabajo actual funcionamos como un cuerpo humano, confiamos en que el resto del equipo sabe lo qué está haciendo y que es el más capacitado para hacerlo; no va la boca por ahí tratando de absorber oxigeno y los pulmones no tratan de macerar los alimentos.