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Algo que siempre me sorprendió fueron los premios por asistencia. Felizmente, en mi primaria no había tal reconocimiento y en las empresas que he trabajado tampoco. Me da la impresión de que un premio de este estilo es como si todos los días premiáramos a nuestro corazón por latir. Y, sí, tal vez debo apapachar más a mi músculo estriado involuntario por seguir al pie del cañón, pero… ¿no está diseñado justo para latir? Llevando la comparación al extremo, cuando el corazón decide “faltar al trabajo”, la empresa quiebra, y el corazón “se queda sin chamba” para siempre. En casa, siempre se nos inculcó la importancia, no sólo de asistir, sino de ser y estar en la escuela y el trabajo. Toda la vida mi familia se esforzó por recalcar que las horas silla servían de nada y que lo realmente importante estriba en aprovechar el tiempo en un espacio de aprendizaje o de desarrollo. “Hay tiempo para todo”, decía mi abuelita, “ya descansarás cuando te mueras”. Y con esa actitud familiar crecí y me desarrollé. En mis tiempos, uno iba a al escuela con gripa, no había tapabocas por todos lados y sólo faltábamos justificadamente cuando nos atacaba una enfermedad contagiosa o incapacitante. De ahí en fuera, mocosos y vomitones, a la escuela debíamos ir, so pena de perder exámenes o tareas.

Estas semanas InnoBa, mi segundo hogar, fue abatida por enfermedades respiratorias, bronquitis, gripas, resfriados, nos pasó de todo a todos. Sin embargo, todo el equipo estuvo comprometido con sus compañeros y, a pesar de la enfermedad y las inasistencias, el trabajó salió adelante, los enfermos del día se tomaron el tiempo en casa para recuperarse y la actividad se mantuvo como de costumbre. El grupo se auto organizó de maravilla y cada uno de los integrantes se solidarizó con el resto para suplir en lo necesario las funciones y responsabilidades de los demás. Como familia extendida los InnoBos demostraron que aunque asistir es muy importante, lo fundamental es estar. Y, en este mundo hiper-comunicado en que convivimos, con medios digitales que nos permiten estar a la distancia (o asistir virtualmente), cuando hay cariño, confianza, cuidado y compromiso, el cuerpo sale adelante, aunque el corazón se tome un descansito.

Por Karla Cedano