Altos de Morelos.- Venir a Yecapixtla y a Tetela del Volcán en Semana Santa, es exponerse a recibir una bocanada de fervor y tradición, en un ambiente solemne y multicolor que invade los sentidos y despierta la curiosidad.

El Viernes Santo, la feligresía católica de ambas localidades, como marca el protocolo, cumplió con el Viacrucis y la representación de Jesús crucificado, cada una con los elementos que hacen peculiar y le dan personalidad propia a esta celebración del catolicismo en el mundo.

Por la noche, cumplieron con rigor con la Procesión del Silencio tras la celebración eucarística de las Siete Palabras.

Antes, en Yecapixtla, en la Iglesia del ex convento de San Juan Bautista construido en el siglo XVI, cientos de personas hicieron fila para besar los pies del Cristo, que yace después de “morir” en la cruz, y dar el “pésame” a su madre, María, representada por la Virgen de la Soledad, que lo contempla.

La celebración es una combinación del rito católico y la tradición popular en la que participa la población, a través de sus mayordomías, y las autoridades locales.

En Yecapixtla, Raúl Estrada Zavala, funcionario municipal, dice con orgullo que la celebración de la Semana Santa se posiciona como la fiesta religiosa más importante de la comunidad –católica-, y la segunda más importante del pueblo, después del Tianguis Grande y la Cecina.

La feligresía centra su fe en torno al Jesús, tallado en cedro y con piezas articuladas, que les permite utilizarlo en los diferentes momentos de la Pasión, antes y después, de la crucifixión, cuyo origen data de la época colonial y de la evangelización.

En la parte popular, los matacueros y fariseos son el elemento que da personalidad a la Semana Santa en Yecapixtla. Estos personajes, ataviados con ropa de vivos y brillantes colores y el rostro cubierto, con paliacates y máscaras, se suman a la Procesión del Silencio.

Ronaldo, que forma parte de la corporación y ha hecho cinco años de matacueros y cuatro de fariseo, dice que lo hacen por gusto, pero muchos también lo hacen por una manda.

En la procesión, los fariseos llevan su lanza apuntando hacia el suelo en señal de arrepentimiento de haber dado muerte a Jesús en la cruz y, junto con su madre, María, lo acompañan a su sepulcro.

Este año, las autoridades municipales estiman que más de 30 mil personas vivieron la Pasión de Cristo y la Procesión del Silencio.

Celebran en  tetela con los sayones

En Tetela del Volcán, la celebración del Viernes Santo es similar a la del pueblo de la cecina, con un matiz en la parte popular. Aquí, los matacueros y fariseos son sustituidos por los sayones, espectaculares personajes con máscaras pintadas y gorros elaborados de alambre y papel de china, que “bailan” con el andar de quien lo porta, y encantan por su tamaño, forma y color.

Para los tetelenses asistir al “velorio” de Cristo crucificado es un asunto de solemnidad, luto y fe; se visten de negro, cargan velas y flores; pero sobre todo, cantan desde el corazón.

La procesión la encabezan los sayones (romanos) que tallan sus machetes contra el piso en señal de arrepentimiento; detrás vienen Jesús y la Virgen, enormes imágenes, que los mismos sayones cargan a turnos, todos envueltos por el ambiente de las notas fúnebres de la banda más antigua del pueblo, Los Hermanos Mendoza.

La procesión lleva al Cristo al “sepulcro”, dispuesto en la Capilla de San Bartolo para velarlo y el domingo, en una vistosa celebración, los gorros de los sayones arderán en señal de castigo por haber crucificado al hijo de Dios.

El sayón representa al soldado romano, en una versión satirizada por los pobladores de Tetela del Volcán y modificada con el paso del tiempo.

Por: ANTONIETA SÁNCHEZ
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