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La música ranchera ha tenido grandes exponentes a lo largo de su historia, sin embargo, no hay un cantante que se acerque a la grandeza de Vicente Fernández, quien durante cinco décadas se ha erigido como el más importante intérprete de este género.
En 2012, El Charro de Huentitán anunció una última gira, pero a su edad, el cansancio por recorrer México y países de Centro y Sudamérica, lo obligó a parar. Este sábado Fernández regresa a los escenarios por única vez para ofrecer un histórico concierto de despedida para todo su público.
El mítico Estadio Azteca será testigo de un evento que quedará grabado en la memoria de millones de mexicanos, pues el recital será transmitido por televisión en México y vía Internet para Estados Unidos.

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La despedida 
Una semana antes de su show en el Azteca, Vicente Fernández presentó el libro “El adiós de un grande”, en el cual narra los momentos más importantes de su vida y trayectoria profesional.
“Yo no quería hacer un libro, pero me convencieron. Soy alguien que cuando me preguntan, me suelto… tengo mucha historia que platicar”, dijo en la rueda de prensa.
Sobre cómo seleccionó qué contar, el intérprete explicó que se centró en aquellos hechos que marcaron su vida, razón por la cual su biografía contiene anécdotas que excepto a su familia, nunca antes compartió.
Nacido el 17 de febrero de 1940 en el pueblo de Huentitán El Alto, Jalisco, Fernández creció en una familia rodeada de carencias, sin embargo, siendo un niño descubrió que tenía una voz privilegiada, por lo que alternó trabajar en el rancho, con participar en concursos de canto que se organizaban en las ferias de su pueblo.
En 1954, con 14 años de edad, se inscribió en una competencia amateur en Guadalajara, donde obtuvo el primer lugar y comenzó a cantar en restaurantes, bodas y grupos, sin dejar de apoyar a su familia.
En 1960 actuó en un programa de televisión llamado “La Calandria Musical”, transmitido en Guadalajara. Poco después llegó a la Ciudad de México donde se incorporó a la plantilla del restaurante El Amanecer Tapatío, donde pronto se convirtió en la principal atracción.
Sobre esta época, el cantante compartió en Facebook una imagen de su llegada junto a su esposa Cuquita a la capital. “Me mudé a la Ciudad de México en 1963 con mi Cuquita. Ya éramos esposos. El dinero no alcanzaba. Llegamos debiendo hasta los muebles de donde vivíamos. Estábamos llenos de deudas. Pero sin importar nada de eso, era el más feliz al lado de mi mujer”, escribió.
Aunque sus dos primeros años le resultaron difíciles, en 1965 su voz conquistó al público a través de la estaciónde radio XEX-AM. Un año después firmó un contrato con CBS México (hoy Sony Music) para producir su primer disco, el cual inició un romance con la audiencia que perdura hasta la actualidad.
Luego de más de cinco décadas entregado a la música, El Charro de Huentitán se despedirá de su público. Mañana, cuando las luces del Estadio Azteca se apaguen, Vicente Fernández, una de las grandes voces de la música mexicana, callará, pero su leyenda dará inicio.