Los priistas de Morelos deberán esperar a que pase la elección de gobernador del estado de México, el 4 de junio, para que el presidente del PRI nacional, Enrique Ochoa Reza, haga el cambio del presidente estatal del propio partido. Por ahora su prioridad es que gane el candidato priista Alfredo del Mazo Maza, lo que dada la creciente impopularidad de Enrique Peña Nieto es visto como un oso intentando pasar por el ojo de una aguja. La siguiente puede ser la primera vez que el Revolucionario Institucional pierda la gubernatura en la vecina entidad. Y no precisamente por la “fortaleza” de la abanderada panista Josefina Vázquez Mota, perfilada al último o el penúltimo lugar, zarandeada por la investigación de la Procuraduría General de la República a empresas “fantasmas” de su familia imputadas de trasegar más de 400 millones de pesos de presunto origen ilícito. Tampoco porque el candidato del PRD, Juan Zepeda, le quite el sueño al PRI, sumido el partido del sol azteca en la peor crisis de su historia y puesta hoy mismo bajo sospecha de corrupción su apenas ex dirigente Alejandra Barrales por el departamento de veinte millones de pesos que se compró en Miami y no manifestó en su declaración tres de tres. No. A lo que en la elección mexiquense se enfrentan el PRI y el grupo de Peña Nieto es a su mismo desprestigio y al “coco” que tanto lo asusta: Andrés Manuel López Obrador, representado en esta contienda por la candidata de Morena, Delfina Gómez Álvarez, la maestra de educación primaria, hija de un albañil y ex alcaldesa de Texcoco. Tradicionalmente desdeñados por sus dirigentes nacionales, heridos de gravedad desde el 2000 en que perdieron la gubernatura y no la han vuelto a ganar, los priistas de Morelos viven la peor época de su historia. Aletargado, con una presidencia interina designada en octubre de 2014 que el tiempo convirtió en permanente, hace meses que algunos vienen demandando el cambio del comité ejecutivo estatal. Lo hizo este lunes el diputado Aristeo Rodríguez Barrera, tímido, al “lamentar” que Ochoa no le pone atención al priismo morelense, no recriminándoselo, y “enérgico” cuando amenaza que si esta semana no hay convocatoria para el cambio “iniciarán acciones de protesta”. ¿Quiénes? ¿Todos o sólo los del grupo del ex candidato a gobernador Amado Orihuela Trejo? Ese es su problema: el divisionismo. Y mientras tanto, el rumor de que Rosalina Mazari está lista para relevar a Rodolfo Becerril, y de que “varios” de los aspirantes a la candidatura priista a gobernador intentan una presidenta o presidente de unidad en lugar de quién si no que del propio Becerril. Admite un viejo entre los más viejos: esas ruinas que ven, del panteón de paquidermos en que está convertido el PRI, de que mucha agua ha pasado por las barrancas de Morelos desde que el diputado constitucionalista Juan Salazar Pérez fue el primer presidente del comité directivo estatal del Partido Nacional Revolucionario (PNR). Y de que Luis G. Ocampo, Joaquín Pineda y Tomás Domínguez ocuparon los turnos segundo, tercero y cuarto en la presidencia del antecedente del Revolucionario Institucional (PRI), durante el lapso 1932-36. Luego, convertido en Partido de la Revolución Mexicana (PRM), de 1938 a 1946 transitaron por la conducción estatal Porfirio Neri, Manuel Aranda y Leandro Bermúdez. De ahí pal’ real, a lo largo de poco más de medio siglo una cincuentena de políticos d entonces ocuparon el cargo, hombres la mayoría y mujeres las menos. De los cuarenta a los noventa: Fausto Galván Campos, Santiago Chacón Durán, Diódoro Rivera Uribe, Gonzalo Pastrana Castro, Marcos Figueroa Campos, Francisco Solar Cañas, Jesús Díaz Bustamante, José Castillo Pombo, David Jiménez González, Raymundo Llera Peña, Juan Salgado Brito, Quintín Manrique Barenque, Marcos Manuel Suárez Ruiz, Joaquín Magdaleno González, Rubén Román Sánchez, Jorge Meade Ocaranza, Jorge Trade Nieto, Eduardo Mac Mahón, Luis Manuel González, Francisco Argüelles, Jorge Martínez Salgado, Laura Catalina Ocampo, tal y tal hasta llegar a Marisela Sánchez, Guillermo del Valle y los demás largo de nombrar. Algunos ya no están en este mundo, otros se hicieron ancianos y unos más se hallan en el umbral de la tercera edad. Varios repitieron: David Jiménez González y Juan Salgado. Y el récord de permanencia para Marcos Figueroa (1965-70), seguido de Jesús Díaz Bustamante (1972-76) y Marcos Manuel Suárez (1982-87). Nombres, cierto es, que desconocen muchos priistas de generaciones nuevas... ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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