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Postal: ¡Colmados de Papa..! Mario Bergoglio, el Papa Francisco, obispo del Vaticano, transitó espacios de la República Mexicana de Norte a Sur, por el centro y por el Poniente … Gracias al Papavión, los papacópteros y los papamóviles, Francisco tuvo la oportunidad de recorrer tierras mexicanas… Podemos decir que simplemente cumplió con su labor pastoral en ánimo de proteger a su Iglesia, la Católica, tras la enorme fuga de feligreses que de los 110 millones que tenía, varios millones de ellos han emigrado hacia otras religiones e incluso a muchísimas sectas, consecuencia de la desconfianza de los creyentes en curas, padrecitos, monjitas, vicarios, abades, sacerdotes, obispos y arzobispos, la gran mayoría de los cuales perdieron su condición de evangelizadores y catequizadores por sus desvíos, frivolidades, crímenes y gustos por lo superfluo, por su connivencia con los espacios del poder político y la riqueza económica… Tan es así, que sabedor de ello Mario Bergoglio el Papa, lo menos que le dijo a sus obispos fue no dormirse en sus laureles frente a la problemática que vive el País, lo cual conlleva como punto toral, el cuidado de sus tan descuidados rebaños… Francisco el Papa no cayó en declaraciones protagónico-amarillistas, pues no tuvo necesidad de ello para referir lo que ya había mencionado en el Vaticano días antes de partir hacia México, por los temas de carácter social que sufrimos los mexicanos entre narcotráfico, inseguridad, violencia, tráfico de personas, secuestro y asesinatos, sin olvidar pobreza, abandono y corrupción, haciéndose solidario de padres, madres, hijos y hermanos que por la violencia, les arrebataron a los suyos… Los largos caminos recorridos por Francisco, que sumaron cientos de kilómetros, le permitieron encontrar el calor de una feligresía desbordada que se apostó en forma multitudinaria en prácticamente todas las rutas que marcó su agenda de trabajo, lo mismo en la Ciudad de México que en el Edomex, Chiapas, Michoacán o Ciudad Juárez, donde los espacios adaptados para sus ceremonias religiosas y homilías, siempre fueron insuficientes para dar cabida a quienes pretendían acceder, sin el boleto de control correspondiente, salvo en el Zócalo de la Ciudad de México que se vio desangelado… A todos esos lugares llegaron por miles no solamente los que transitaron como pudieron por el interior de nuestro País para llegar al destino de congregación que escogieron, sino más por aquellos que traspasaron las fronteras del Sur provenientes de Centroamérica, así como por los que hicieron lo propio allende el Río Bravo… Las adaptaciones y adecuaciones de los espacios, junto con lo que se hizo necesario en templos, catedrales y basílicas e incluso el estadio deportivo donde estuvo el Papa Francisco, no fueron obra de la divina providencia sino la aportación total y generosa del pueblo de México, de los mexicanos, de todos nosotros, bien haya sido por los donativos que recibió la iglesia católica por todos los senderos del País para atender esta visita papal, o bien por las aportaciones multimillonarias que hizo el Gobierno de la República, consecuencia del pago de nuestros impuestos... Es decir, e insistimos, quienes pagamos la visita del Papa fuimos todos los mexicanos, que no se les olvide ni a los clérigos que encabezan los cardenales como Norberto Rivera Carrera, Juan Lozano Barragán, Juan Sandoval íñiguez y Francisco Robles Ortega, junto con sus subalternos, ni mucho menos a Enrique Peña Nieto, a los gobernadores por donde transitó el Papa y a los ediles de los municipios que lo recibieron, pues el citado arreglo de espacios, las escenografías, pintadas, iluminaciones, decoraciones, barreras, transportes y sobre todo la seguridad del alto Prelado mundial, que reclamó como exigencia movilizaciones de uniformados y no uniformados de las fuerzas federales, municipales y estatales, también son consecuencia de nuestros pagos de impuestos… Más claro ni el agua, señores del Gobierno y de esta Iglesia… ¡Todo lo del Papa nos costó a nosotros, no al Gobierno ni a la Iglesia Católica..! 

¡Hasta mañana que será un día más..!
 

Por: Pablo Rubén Villalobos