Qué lamentable es el hecho de haber abusado de la infinita belleza que la naturaleza le regaló a Tepoztlán, llamado Pueblo Mágico, lo cual es el gran atractivo para que centenas de miles de turistas transiten ahí cada año, para admirar lo que el Arquitecto del Universo esculpió en sus montañas… Transitar por ellas significa a cada paso poder encontrar rincones que atraen y subyugan, más todavía, cuando los caminantes llegan a sus corredores y ventanas así llamados, que sin duda alguna transmiten su magia entre quienes hemos tenido la fortuna de llegar a esos espacios llenos de atractivos y misterio… Más aún, los cientos o miles de aquellos que logramos ascender por el sendero de las escalinatas y luego por el pedrerío que sirve como ancestral camino y es cauce labrado por los torrentes que por ahí descienden en el temporal, otra maravilla que también es motivo de admiración…

Y la sorpresa inmensamente grande, para quienes llegamos a la Pirámide del Tepozteco,  casi en la cima del Cerro del mismo nombre, lo son tanto su arquitectura como sus frisos, basamentos y pequeñas esculturas, que resultan ser el premio al esfuerzo de los excursionistas que además hemos podido encontrar asiento en alguno de esos basamentos, para desde ahí, amén de descansar poder disfrutar y admirar no sólo el Valle de Tepoztlán, sino las dimensiones que se esparcen extensamente hacia el paisaje del Oriente del Estado, por el Valle del Plan de Amilpas, lo cual de verdad deja extasiado al más exigente de los visitantes…

Por desgracia, tanto el Pueblo de Tepoztlán como los caminos que llevan por estos senderos de su bello paisaje, se han convertido por la perversidad de quienes tienen la responsabilidad de vigilar, controlar, ordenar, cuidar y proteger a este patrimonial espacio, lo han convertido en una cloaca alcohólica por la sinrazón de la corrupción que han llenado tanto a la población de Tepoztlán como a sus calles y senderos con cientos de expendios de bebidas embriagantes…

Para nadie que llegue a Tepoztlán, pasa desapercibida la enorme cantidad de cantinas que “luce” esta población en todos sus caminos, calles, barrios y pueblos…

En el curso de los años, las administraciones municipales han prohijado esta degradación, como consecuencia de la connivencia o amasiato de los ediles y una gran cantidad de habitantes que sin vergüenza alguna, ni miramiento, ni respeto por su tierra han encontrado en las accesorias, cantinas, lupanares, cervecerías, palapas y “chelerías” su gran filón de riqueza, no sólo para su manutención sino para enriquecerse tras embrutecer a cuantos parroquianos llegan a Tepoztlán, tratando de encontrar esparcimiento, pues junto con la vendimia de algunas artesanías, fayuca y otras mercaderías, “sus parroquianos” terminan fumigados por lo que más se expende y vende ahí, que lo es el alcohol preparado y ofertado con diversas presentaciones…

En la actual etapa de la Presidencia Municipal, corresponde la responsabilidad de este abuso, conveniencia y descuidos voluntarios o intencionales, al Cuerpo Edilicio que encabeza David Demesa Barragán, junto con los funcionarios municipales… Si es que entre estos y los tepoztecos de verdad aman, quieren y respetan al hermoso Pueblo y Municipio de Tepoztlán y sus bellos barrios y pueblos más que al dinero que les pueda dejar la corrupción por los permisos, licencias y vergonzante tolerancia que cada vez es mayor, por la venta indiscriminada de embriagantes que tienen este desorden, para dañar y embrutecer a lugareños y visitantes, quienes en términos generales al atardecer y anochecer, los rezagados salen dando tumbos como “arañas fumigadas”, sin que ninguna autoridad frene o ponga orden a este vicio creciente, que ahoga a Tepoztlán y a los tepoztecos… ¡Ahí la dejamos!


Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.


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