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Reflexión… Tras el sismo-terremoto que poco a poco se aleja, junto con la psicosis social que no por ello no hace olvidar los temores que tenemos y mantendremos quien sabe por cuánto tiempo en nuestra memoria, nuestros 74 muertos morelenses esperamos descansen en paz en los camposantos, columbarios o donde hayan sido depositados sus restos o cenizas… La vida sigue y hoy más que nunca, para quienes vivimos en éste Estado el reclamo de los esfuerzos redoblados es que debe ser cotidiano, a efecto de que en el cumplimiento de nuestras responsabilidades mantengamos nuestras acciones preventivas junto con las de restauración y reconstrucción con banderas enhiestas, hasta lograr sobreponernos al desastre que nos dejó la naturaleza, que hoy anticipamos, aunque tarde mucho tiempo, en algún otro momento podrá hacerse presente con todo el poder de su fuerza por los ciclones, huracanes, tormentas, torrentes, inundaciones, deslizamientos, desgajamientos e incluso, como ahora en coincidencia luego del sismo y terremoto, por la manifestación del gigante de casi seis mil metros, para recordarnos que también está presente como Don Goyo o Volcán Popocatépetl, cuyo rugido causó temores entre lugareños cercanos con el rocío de sus cenizas esparcidas por los vientos que en esta ocasión, también regaron a distintos municipios del Estado, luego de los tremores y lavas que según dicen los geólogos, solamente están formando el nuevo domo, hasta que éste “como tapón de sidra” salga volando en pedazos, como consecuencia de las fuerzas que permanentemente se mueven bajo la corteza de nuestro planeta… En el marco de nuestro credo y fe, diremos que es justo y necesario esparcir por todo el Estado nuestras tradicionales cruces del pericón como lo hace nuestra gente desde hace centurias en sus casas y terrenos, “para que se vaya el diablo” pues nos urge una “buena limpia” … En el marco de nuestras tristezas y lágrimas, el escenario de las poblaciones afectadas hoy cambia a diario su paisaje, pues ya no están las tradicionales edificaciones, por las viviendas, departamentos, accesorias, comercios, oficinas o edificios icónicos que servían de referencia para nuestros encuentros… Entre ellos, hoy sólo recordamos las oficinas públicas, templos, escuelas, y otros sitios que han sido necesariamente demolidos por las maquinas que también se llevaron sus escombros… Ya no están esas nuestras viejas y añeras construcciones… Hay otras lastimadas o semidestruidas que también esperan su turno, como el chacuaco de Zacatepec, que habrá de ser demolido o el edificio Latinoamericana de Cuernavaca que ha dejado de existir…También habrán de desaparecer o ya desaparecieron cientos de construcciones en nuestros pueblos, colonias, barrios o ciudades morelenses, arrasados por la naturaleza o que tiene que demoler el hombre por haber quedado mortalmente dañadas… Hoy, tengamos presente que el Gobierno de la República ha dispuesto de 38 mil 150 mdp para la urgente reconstrucción por todos los rumbos lastimados de nuestra Patria, en aras de ayudar a más de un cuarto de millón de afectados, que como familias nos llevan a más del millón y medio de damnificados… Una vez más quedó demostrada la solidaridad incondicional de los mexicanos en momentos de tragedia, a los cuales damos y sumamos nuestro agradecimiento junto con los que trajeron o mandaron la ayuda internacional que ha llegado y la que ha sido ofrecida y llegará, acción ésta que para la ONU resultó ser “motivo de reconocimiento por la capacidad de respuesta humana” ante siniestros de esta naturaleza… El Gobierno de la República con Enrique Peña Nieto al frente, debemos reconocer que hasta el momento sí ha tenido capacidad de respuesta a través de la estructura representativa de sus secretarías, con la coadyuvancia de los gobiernos estatales y municipales que en el caso de Morelos, encabeza Graco Ramírez quien por cierto, presuntamente sin ánimos protagónicos se ha ajustado a las disposiciones federales para sólo cumplir deberes y obligaciones, como también lo han hecho casi todos sus funcionarios y los ediles municipales… No han faltado desde luego algunos “yoyos” protagónicos para su benéfico, como tampoco los vivales, ratas, buitres y rapiñeros que han aprovechado los difíciles tiempos que nos toca vivir… ¡Vamos a desenmascararlos, ayúdennos!
¡Hasta mañana que será un día más..!

Por: Pablo Rubén Villalobos / [email protected]