Antaño se jugaba la Copa intercontinental, entre el campeón de Europa y el monarca del cono sur, primeramente, se hacía a visita recíproca y tiempo después a un solo partido en sede neutral, que usualmente era Japón.
Bueno, sería recordar que mi gran amigo, el “generalísimo” Mario Rubio Vázquez, tuvo la dicha inicua de arbitrar una final de la Copa Intercontinental, en el país del sol naciente disputada entre el Aston Villa, de Inglaterra (1) vs. El Flamengo, de Brasil (3).
Mamá FIFA, al darse cuenta del potencial económico que había en ello (cosa rara) optó por convocar a los campeones de cada una de las Confederaciones que la componen, más el país sede y el vencedor de la edición anterior, para organizar, en lugar de la Copa Intercontinental, el Mundial de Clubes.
Como normalmente (salvo en tres ocasiones) la final la disputan el campeón de la UEFA y el de la CONMEBOL, no es raro ver como árbitro central al representante de CONCACAF; de modo que en el pasado, han sido dos los nazarenos mexicanos los que han tenido el orgullo de dirigir el partido póstumo en tres de las doce últimas ediciones, que es cuando se ha jugado regularmente (cada año, desde el 2005 a la fecha)
Fue Benito Armando Archundia Téllez, actual analista arbitral en TDN, el primero en hacerlo en dos ocasiones. En el 2005 pitó el Sao Paulo (1) vs, Liverpool (0) y en el 2009 el Estudiantes de la Plata (1) vs. Barcelona (2). También el famoso ‘chiquimarco’, Marco Antonio Rodríguez Moreno, actual colaborador de TV Azteca, saboreó las mieles de escribir con letras de oro su participación en dicha competencia al silbar la final en el 2007: Milan (4) vs. Boca Juniors (2).
Todos estos antecedentes vienen a cuenta; en virtud de que, el máximo organismo que rige el balompié en todo el orbe ha depositado la responsabilidad de dirigir la final 2017 del prestigiado torneo internacional, a disputarse el próximo sábado 16 de diciembre entre el Real Madrid y el Gremio de Porto Alegre (en Abu Dhabi) en don César Arturo Ramos Palazuelos, juez mexicano, oriundo de Culiacán Sinaloa y avecindado en “La ciudad de la eterna primavera”, Cuernavaca, Morelos.
Conozco personalmente a Arturito y me llena de gusto y orgullo esta merecida designación. Puedo dar fe de su profesionalismo con el silbato; así como de su calidad como persona ¡Enhorabuena!.
Ojalá y tenga oportunidad de demostrar por qué ha sido nominado también para representar a México y a la Confederación (CONCACAF) en la próxima Copa del Mundo, a celebrarse en Rusia 2018. En el muy probable caso de que realice un estupendo trabajo, como nos tiene acostumbrados, podría ser catapultado para “pitar” partidos estelares en el Mundial.
Lo único que faltaría por resaltar es que el personaje que hoy nos ocupa posee dos grandes “defectos”, que probablemente nunca los va a superar, que… se llama Arturo y se apellida Ramos.