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Para cuando esta colaboración esté entre sus manos, amable lector, el resultado del juego de ida entre América y Tigres ya será de todos conocido pero hoy quisiera comentar algunas situaciones que se presentan en el mercado invernal de piernas y que trascienden la esfera deportiva para centrarse en lo personal.

El primer caso es el de Carlos Peña y su regreso al cubil de la fiera en el Bajío luego de un paso con mucha más pena que gloria con el Guadalajara.

El “rebaño sagrado” pagó una millonada para hacerse de los “servicios” del “gullit” quién resultó un auténtico petardo, fallando incluso un penal que le pudo cambiar la cara a la participación en la liguilla al chiverío, hace apenas seis meses.

Ahora el muchacho vuelve a la querencia y no precisamente deportiva ya que la gente que lo conoce afirma que su círculo cercano son amigos que todo le festejan, lo acompañan todo el tiempo y su gusto por la bebida supera en mucho al placer de entrenar.

La última declaración que hizo el nacido en nativo de Ciudad Victoria no tiene desperdicio: Dice que en el León sí entienden al jugador. O sea que permitirle la parranda y la francachela, la irresponsabilidad y el bajo rendimiento es “entenderlo”, por lo que no dudo que siga sin asumir el compromiso que sus facultades muestran que puede cumplir y que lo han llevado incluso a la selección nacional.

El otro caso es el guardameta argentino Agustín Marchesín. Su llegada a México fue obra de la dirección de “inteligencia deportiva” del Santos que se dedica a cazar prospectos para traerlos antes de que se vuelvan caros e impagables. Lo malo es que cuando el atleta se da cuenta de lo que en realidad se paga en el mercado nacional, se quieren volver locos y emigrar a la primera oportunidad.

Hace un semestre, se corrió el rumor de que Boca Juniors lo quería y el arquero manifestó su alegría de poder jugar en el club que ama desde chiquito.

La realidad que viven los clubes en Sudamérica es muy diferente a la de los equipos en México, hablando en materia económica. Creo imposible que los “xeneizes” le puedan pagar un salario de miedo pero sembró la duda, su rendimiento fue regular y plantó mala hierba en el vestidor verdiblanco.

Además, se fue de la lengua al decir que nunca jugaría con el América… pues ándale, más rápido cae un hablador que un cojo y a partir de la próxima temporada, tendrá la dura misión de suplir a Moisés Muñoz y ganarse el cariño de la afición azulcrema.

Los directivos mexicanos, salvo honrosas excepciones, son deslumbrados por el jugador y su aura de encanto. Muchos se dejan el pelo largo, se meten al gimnasio, visten ropa entallada y prescinden de los calcetines, amén de meterse a antros con sus nuevos amigos. Después la cuenta les sale muy cara.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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