Cuando un muchacho se inscribe en un curso de arbitraje tiene en mente dos cosas fundamentales: Ir a una copa del mundo y dirigir, algún día, el clásico América vs Guadalajara.

Particularmente tengo gratos recuerdos de ese encuentro aunque sin llevar un registro puntual de cuantos clásicos pité, debo comentarle que me tardé ya que debuté en el “partido grande” de nuestro balompié ya avanzada mi carrera.

El otro día un colega periodista de Televisa deportes me llamó para informarme que se estaban cumpliendo 20 años de un partido especial tanto para rojiblancos como para azulcremas, ya que los tapatíos llenaron de cuero la meta americanista un soleado domingo allá en la “perla tapatía”.

Un servidor fue el juez y recuerdo que muy temprano en el partido se presentó una jugada que marcó el rumbo de ese clásico. Chivas tocaba el balón en su propia cancha y el grito de “ole” se hizo presente en la tribuna. De pronto, Joel Sánchez toca el balón y tras desprenderse de la esférica, llega como tromba un elemento vestido de amarillo y le pone fenomenal “plancha”, por lo que sin dudar saqué la tarjeta roja.

El jugador en cuestión es el ahora llamado “doctor” Luís García y corría apenas el minuto 13. Esta situación fue aprovechada por el “rebaño sagrado” que no tuvo piedad y masacró a su enemigo deportivo al son de 5 goles a 0. Aparte de la humillación, esta derrota le costó el cargo al bigotón Ricardo Antonio Lavolpe, quién fue despedido sin el menor miramiento del club de Coapa.

Grandes árbitros de nuestro futbol se fueron sin pitar jamás un clásico, como fueron Bonifacio Núñez y Eduardo Brizio. A otros les dieron un chance precipitado y ahí acabó su carrera porque este juego es como el toreo que da y quita.

Ahora la comisión de árbitros se saca un as de la manga y programa para el partido del sábado al joven Marco Antonio Ortiz, de apenas 28 años de edad, con una veintena de partidos en primera división, en lo que luce como una muy arriesgada apuesta.

Este muchacho vio la primera luz en Durango e indudablemente se trata de una promesa en el arbitraje nacional pero de ahí a que tenga el tamaño, la personalidad y sobre todo, los merecimientos para estar en un evento de esta magnitud, media un océano de distancia.

Indudablemente detrás de esta jugada está la mano de Edgardo Codesal, instructor en jefe pero parece increíble que el presidente de la comisión, Héctor González Iñárritu, no le ponga un freno y esté dispuesto a jugarse la cabeza con una designación tan arriesgada.

Deseo de todo corazón que por el bien del muchacho, por la salud del clásico y por el público que abarrotará el Azteca, las cosas le salgan de maravilla pero si no es así, ya saben a quién hay que dirigir los reclamos.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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