compartir en:

Una de las características de la vida moderna es la inmediatez. La información fluye a toda velocidad y los adelantos cibernéticos permiten enterarse casi al instante de sucesos que acaecen al otro lado del mundo.
Incluso las relaciones personales y afectivas están condenadas a ser breves. Una declaración de amor entre los jóvenes bien podría ser: “Prometo amarte y serte fiel hasta que facebook nos separe”.
En el futbol el resultado es lo que cuenta y sus esclavos son los entrenadores. Puede tener un equipo un buen funcionamiento pero si las derrotas hacen hilo, muy probablemente la primera cabeza que ruede sea la del director técnico.
Por el contrario, cuando la cosecha es abundante, resulta que el timonel es un genio. Cuantos le han zumbado a Ignacio Ambriz, estratega de las Águilas del América, incluso por cuestiones que nada tienen que ver con su trabajo, como su fisonomía o aspecto físico y hoy que ha conseguido el primer título seguramente lo llevarán al pináculo de la gloria.
Por otro lado está Ricardo Ferretti, el único técnico a quién ningún club ha tenido el placer de cesar. Siempre con chamba, con planteles millonarios y en proporción, con escasos logros pero siempre gozando del reconocimiento del público y la prensa.
Hoy que Tigres no marcha, nadie se atreve a tocarlo ni con el pétalo de una duda y su directiva afirma que seguirán, como buen matrimonio, hasta que la muerte los separe.
La realidad es que en los dos juegos de la Final de la Concachampions, Nacho le comió el mandado al “tuca” de manera total y contundente, al grado de hacer lucir inofensivo al cuadro felino.
Además, nunca se les vio a los norteños esa hambre de remontar el marcador adverso que se habían traído de casa y prueba de ello fue que ni sus extremos titulares, Damián Álvarez y Javier Aquino, como tampoco Jürgen Damm que ingresó de cambio, desbordaron una sola vez a sus marcadores. Así es muy difícil.
En cambio los de Coapa, liderados por Rubens Sambueza, nunca dieron un balón por perdido, esperaron al rival 
y lo liquidaron cuando fue necesario.
Una estampa que retrata lo anterior fue el pique de 40 metros que se pegó Oribe Peralta para recuperar un balón en medio campo por ahí del minuto 85. En eso estribó la diferencia.
Triunfos son amores, ni duda cabe y América comienza los festejos de su centenario con el pie derecho. Habrá que ver que les depara la Liguilla a la cual ya están calificados.
Una cosa que me molestó del festejo fue ver a jugadores naturalizados enfundados en la bandera de su país de origen. Es obvio que no sienten a México y que el trámite para obtener la nacionalidad se debe a un interés mercantil. ¿Verdad señor Benedetto?

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter

apbcarter_1@hotmail.com