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Si la vida puede cambiar en un segundo, imagine usted todo lo que puede pasar en un mes. Desde el punto de vista deportivo, este período se puede convertir en una eternidad y en un verdadero martirio y si no me cree, pregúntele a Luís Enrique, director técnico del Barcelona, quién en 30 días ha pasado de ser el estratega genial que todos quisieran tener al más tonto y necio de la comarca.
Hace un mes el Barsa galopaba con firmeza a la obtención del título de liga, su racha de juegos sin perder imponía récord en la península ibérica y mantenía firma la ilusión de avanzar en la Champions.
Su tercia de delanteros, “tridente” le llaman ahora, compuesta por Lionel Messi, Neymar y Luís Suárez se comían vivos a los defensas y guardametas adversarios y no parecía haber muralla en este mundillo futbolístico que los pudiera frenar.
Llegó el clásico español y el Real Madrid se alzó con la victoria, reduciendo la distancia en la tabla de posiciones. La racha alcista de los merengues y la caída libre de los culés han cerrado dramáticamente la lucha por la corona.
Además, está ese otro adversario de los catalanes que es el Atlético de Madrid. Los pupilos del “cholo” Simeone los echaron de la Champions y ahora comparten el liderato con serias aspiraciones campeoniles. La humildad y el sacrificio del equipo rojiblanco los tienen a un paso de la final europea a jugarse en Milán y a tiro de piedra del cetro en la madre patria.
Otro rato de pesadilla es por el que atraviesa el Cruz Azul, que después de perder en forme increíble la semifinal de copa en casa frente a Necaxa, se ha desmoronado cayendo consecutivamente ante Dorados y Santos, lo que los tiene por el momento, fuera de la zona de calificación.
A esto se suman problemas de vestuario como los que ha ventilado el propio técnico Tomás Boy con Vicente Matías Vuoso. Escaso tacto del estratega celeste al hablar primero con la prensa que con el jugador.
     La otra cara de la moneda son las Chivas Rayadas del Guadalajara. Hace un mes, la gente le recriminaba al propietario la mucha paciencia que le tenía al técnico Matías Almeyda cuando a otros con mejores números los había cesado sin miramientos.
La derrota ante el América en el clásico de clásicos pareció encender la mecha y los rojiblancos han cosechado los triunfos que ahora los tienen instalados en el séptimo lugar y controlando su destino para meterse en la fiesta grande.
 El chiverío ha encontrado la contundencia de la que carecía y ha solidificado su defensa. El agónico triunfo ante el Atlas demuestra, además, que traen el santo de frente y la suerte está jugando a su favor.
También para el arbitraje mexicano este ha sido un mes largo, largo. Ojalá encuentren el método para mejorar. 

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter

apbcarter_1@hotmail.com