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Pocas veces hemos presenciado una Final tan dramática como la que nos regalaron, en plena Navidad, los Tigres y el América. No hubo faltantes en ninguna manifestación del juego, incluida la indisciplina y la ausencia del juego limpio, decidiéndose todo por la dramática vía de los penales.

Solo un minuto separó a los de Coapa de llevarse el decimotercer trofeo a sus vitrinas pero el agónico testarazo de Jesús Dueñas era mortal de necesidad y a los disparos desde los once metros llegaron sus futbolistas quebrados física y emocionalmente.

El juego fue un ajedrez táctico y cada equipo tuvo momentos de gran lucidez a lo largo de las dos horas de continuo forcejeo. Todos esperábamos el momento en que los azulcrema cayeran fulminados por el trajín de los muchos partidos y de darle prácticamente la vuelta al mundo y cuando parecía que eso estaba por suceder, una inocentada de Jorge Torres Nilo dejó a los felinos con diez jugadores, inclinando la balanza para el lado de los capitalinos.

Vino el alargue y con gran personalidad el chamaco Edson Álvarez la mandó a guardar apenas al minuto 4 del primer tiempo extra. Los presagios de la tragedia se cernían sobre la fanaticada tigre que abarrotó el “volcán” hasta que el capitán Rubens Sambueza se sirvió en bandeja de plata para que el juez del encuentro le mostrara la segunda amarilla y de ahí en adelante, todo sería sufrir para el equipo visitante.

El ambiente se cortaba con un cuchillo y la tensión explotó cuando André Pierre Gignac, el enfermo más sano del mundo, se encaró en el área técnica con Ricardo Lavolpe. La sangre llegó al río, las bancas se vaciaron y hubo de todo como en botica. El señor Jorge Isaac Rojas decidió jugarle al sabio Salomón y expulsó a un jugador de cada lado con un pero: Paolo Goltz no participó más que para separar en la gresca mientras que su contraparte, José Rivas, repartió candela a más no poder.

A partir de ahí el agobio sobre la meta de Moisés Muñoz fue desordenado pero intenso y tanto fue el cántaro al agua, hasta que se rompió y con el ya reseñado cabezazo de Dueñas, nos preparamos para ver la serie de penales.

Ahí emergió la figura del meta norteño Nahuel Guzmán quién detuvo los tres obuses que le mandaron mientras sus compañeros convertían otra cantidad igual para enloquecer a toda la ciudad, declarándose los monarcas del apertura 2016.

Tigres es el campeón aunque tuvo que sufrir en demasía. América no pudo coronar, en su centenario, ninguno de los certámenes en que participó pero dejó constancia de su raza y categoría. Uno de los dos tenía que sucumbir y cayó aquel que se equivocó en el peor momento. Rubens Sambueza deberá meditar largo y tendido sobre su relación con la autoridad, el roce con los rivales y el compromiso con sus compañeros. Tanto remar…para morirse en la orilla.