En la lucha de David contra Goliat, el gremio arbitral paró de cabeza a las autoridades federativas al impedir que se jugara la jornada 10 de la LigaMx, en un hecho que le ha dado la vuelta al mundo.
Luego de los penosos incidentes acaecidos a mitad de la semana pasada en el marco del torneo de Copa, donde los jugadores Enrique Triverio del Toluca y Pablo Aguilar del América se mostraran violentos e irrespetuosos con los jueces de sus respectivos encuentros, el mundillo futbolístico y arbitral aguardaba con morbo e interés cuales serían las sanciones.
Decio de María, en su carácter de presidente de la FEMEXFUT y Héctor González Iñárritu, como director de los árbitros, les juraron por su santa madre que la sanción sería ejemplar. Cuando la comisión disciplinaria sale con un castigo blandengue, los nazarenos se pararon de pestañas y convocaron al parón justo el viernes por la noche.
Entonces la autoridad futbolística entró en pánico y fruto de ello, la parálisis les invadió. Los cuatro fantásticos, Decio, Héctor, Eugenio Rivas y Enrique Bonilla no supieron como capear el temporal, entregando pésimas cuentas a sus patrones, los dueños de los clubes y dando paso a este ridículo mundial.
Porque, mire usted, la huelga fue un acto de dignidad que rara vez se mira en México. Para mi gusto, totalmente justificada luego de sufrir vejaciones y agresiones que hacen pensar que el respeto a la autoridad es un tema que, en nuestro balompié, ha tocado fondo pero que la Asociación Mexicana de Árbitros, un organismo sin personalidad jurídica te ponga de rodillas, es para correr a esa bola de ineptos que además, ganan una fortuna por hacer su chamba tarde, mal y nunca.
La bola de nieve ya venía desde el descrédito de la disciplinaria castigando con un juego de veto al Veracruz y otras sanciones francamente de risa pero negarse a reconocer lo evidente, es decir, que dichos jugadores agredieron a los árbitros solo se explica por ignorancia, corrupción o total pliegue a los poderosos intereses que privan en el futbol de Primera División.
Finalmente se encontró la salida: Acudir al comité de apelaciones cuya existencia era ignorada y este atender la queja de los silbantes. La decisión tomada constituye un triunfo absoluto del movimiento, pues los futbolistas se van un año. La majestad de la justicia en todo su esplendor.
Sin embargo, creo que esto dista mucho de ser un final feliz. Los dueños, en lugar de reprimir a sus inútiles empleados van a buscar la cabeza de los líderes. El arbitraje estará, ahora como nunca en la mira de la afición y pobre de aquel que no aplique el reglamento y, finalmente, habrá que saber qué pasa con la AMA y sus facultades para desestabilizar nuestro balompié. Felicidades a los árbitros por inaugurar tiempos nuevos en este futbol.

Por: Arturo Brizio Carter / [email protected]

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