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Hace un par de días el señor Juan Carlos Osorio dio a conocer el listado definitivo del cuadro Tricolor para jugar la Copa América Centenario, a celebrarse durante el mes de junio en varias ciudades del vecino país del norte.
En un medio como el nuestro, donde todavía los jugadores que dan el salto a la internacionalización se siguen contando con los dedos de la mano, sería difícil toparnos con sorpresas. Más bien las dan aquellos que por equis o zetas, no aparecen cuando, teóricamente, serían titulares indiscutibles.
Un alto directivo de las selecciones nacionales, Santiago Baños, ha pedido a la prensa centrarse en los futbolistas que están y dejar de preguntar por los ausentes, pero cuando tal carácter lo adquieren nombres como los hermanos Dos Santos o Carlos Vela, se tiene por fuerza que indagar en los motivos que dan lugar a su incomparecencia.
El asunto de Carlos Vela adquiere tintes de sainete o de broma. Pocos son los elementos a nivel mundial a quién su seleccionador, como se llame, ha rogado tanto para que se integre a la plantilla. Este chico, me parece, no siente ningún compromiso con vestir la casaca verde; es más, creo que juega al futbol como la actividad para la que Dios le dio facultades, pero no lo siente en la sangre. Sus recientes problemas con la Real Sociedad, de donde se ausentó para ir a un concierto en Madrid, lo pintan de cuerpo entero.
De Gio, el técnico nacional ha dicho que declinó la invitación. ¡Así que ahora la cosa es de contentillo! Se supone que es obligatorio concurrir a las convocatorias, sobre todo si se trata de un evento oficial, pero en este país y en esta federación puede pasar de todo.
Jona, pese a vestir de amarillo con el Villarreal, no está a un buen nivel y otros elementos pueden estar en su posición sin problemas. Además, es impresionante la proclividad a las lesiones que tienen este par de hermanos.
Otro tema importante es la ausencia de jugadores auriazules en la Selección Nacional. Qué pena puesto que, durante años, los Pumas llegaron a ser la base del equipo de todos.
La realidad es que hoy escasamente compiten. Ahí estuvo el tardío llamado de Alejandro Palacios, que jamás se concretó en un debut; el par de convocatorias para Eduardo Herrera así como la sorpresiva cita de Fuentes, durante la gestión del profesor Osorio.
La realidad es que la vida le está cobrando factura al cuadro universitario por haber dejado de trabajar con las fuerzas básicas. La columna vertebral del equipo está conformada por elementos no nacidos en México y así seguirá siendo, por lo menos en el futuro cercano.
Espero que el combinado nacional tenga un gran torneo y que no extrañe a ninguno de los aquí nombrados. También deseo que los Pumas sigan avanzando en la Copa 
Libertadores.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter

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