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Tuve la fortuna de estudiar en un colegio de paga. Lo hice no porque mis padres tuvieran lana ni mucho menos sino por el otorgamiento de una beca que me permitió formar parte del Instituto Don Bosco, donde los padres salesianos reforzaron los conceptos inculcados en casa para hacer el hombre que, con más defectos que virtudes, soy hasta la fecha.
Recuerdo en aquellos maravillosos y despreocupados días había dos cuestiones por la que todos moríamos: Formar parte de la escolta y ser elegido para alguna de las selecciones que competirían representando al colegio.
Si esto sucedía a nivel escolar, imagino el gozo y la satisfacción que debe ser representar a México en una competencia internacional vistiendo los colores patrios.
Por ello escapa a mi entendimiento cerril que algún atleta se niegue a concurrir a una convocatoria con su selección, sobre todo cuando se le considera pieza fundamental para lograr un objetivo.
El caso más reciente lo protagonizó Gustavo Ayón, conocido en el mundo del baloncesto como el “titán de Nayarit”.
Resulta que la representación nacional en este hermoso deporte acudiría a una cita con el destino a Turín, Italia, buscando por la vía de la repesca regresar a unos Juegos Olímpicos después de 40 años de ausencia.
En los días previos se supo de la renuncia del nacido en Zapotán al cuadro tricolor, aduciendo asuntos personales.
Por supuesto que hay que ser muy respetuosos de las decisiones y la problemática que se presenta de puertas adentro en una familia pero caray, Ayón era una pieza fundamental para obtener ese ansiado boleto que, por desgracia, se escapó. Tan cerca y tan lejos, dirían los clásicos.
Los rumores indican que Gustavo se encuentra en negociaciones para abandonar el Real Madrid, club con el que ha logrado el bicampeonato en España. Las razones parecen ser económicas pero también hay disgusto en la cúpula merengue por la falta de claridad en la comunicación en que ha incurrido el nayarita. Incluso hay fuentes confiables que lo ubican en Turquía, concretamente con el cuadro del Ferenbahce, que le pagaría una muy buena suma de euros al atleta de 31 años, asegurando con ello su futuro.
Vienen a mi mente casos como el de Carlos Vela, líder mundial en cuanto a ponerse los moños se refiere pero también el de Giovani dos Santos, quién declinó el honor a estar en la Copa América, prefiriendo asistir a un concierto de rock previamente programado.
Rafael Márquez abandonó la concentración tricolor previo al juego ante Chile para asistir en Guadalajara al nacimiento de su hijo. Por supuesto que se vale pero siempre queda la duda de que hubiera pasado con el “patrón” en el terreno de juego. Lo mismo aplica para Gustavo Ayón y esas…Negativas incomprensibles.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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