La semana pasada estuvo turbulenta con asuntos que conciernen a la gente de pantalón largo en nuestro balompié. Primero, Ricardo Peláez anunció su salida del club América al término de la temporada, externando además su deseo de retirarse como campeón. Luego, de forma intempestiva, la directiva azulcrema emite un comunicado en el que se informa de la terminación definitiva de la relación laboral que unía al presidente deportivo con la institución.

Lógicamente vinieron un alud de interpretaciones, chismes, dimes, diretes y todo lo que rodea a cuanto pasa en el seno del cuadro americanista. Lo único real es que el cuadro de Coapa pierde a un integrante que, desde la oficina, contribuyó de manera importante a los logros obtenidos en el pasado reciente.

Ricardo jugó para las Águilas, siendo parte, muy joven, del plantel que consiguió la corona del torneo Prode 85 frente al Tampico-Madero. Luego vivió sus mejores momentos con el Necaxa donde lo ganó todo y también estuvo con el Guadalajara. Anotó la nada despreciable suma de 187 goles en primera división, siendo letal sobre todo en el remate de cabeza.

Con la selección nacional jugó el mundial de Francia 98 donde México calificó para luego caer en octavos de final frente a Alemania. Ahí le marcó gol a Corea y también timbró en la dramática igualada frente a Holanda que significó el pase a la siguiente ronda. Su primer tanto mundialista lo hizo al ingresar de cambio luego de pedirle a Manolo Lapuente que lo metiera al campo. Alguna vez me contó que así lo soñó.

Como directivo Peláez Linares llegó en medio de una crisis al cuadro propiedad de Televisa. Predicó con el ejemplo en cuanto a actitud y capacidad de trabajo y bajo su batuta el América obtuvo dos títulos de liga, otro par de “concachampions” y se perdieron dos finales para un balance más que positivo.

Fuera de la especulación a que pueda mover un cambio de este tamaño, lo cierto es que Richard deja números negros en todo sentido para la institución. Esto va mucho más allá de lo meramente aritmético pues el tino en las contrataciones y el meterle en la cabeza al jugador el compromiso que implica jugar para este equipo, la mística guerrera y el peso de la camiseta fueron por supuesto obra de él.

Lo que depare el futuro para el ahora exdirectivo parece tremendamente amplio. Ya tuvo un paso por los medios de comunicación y habrá ofertas a granel. Otros equipos de primera división querrán seguramente hacerse de los servicios de un profesional con todas las letras como lo es Ricardo.

Lo ideal sería descansar, esperar, pensar, evaluar que se hizo bien y también, por qué no, en que se falló. Particularmente le tengo un gran cariño a Ricardo y a su familia, por ello deseo que el futuro le depare lo mejor. El balance es absolutamente positivo.

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