“Prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”, reza un viejo dicho popular y en cuestión deportiva, ahora que están por iniciar los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, parece una audacia ofrecer medallas o resultados espectaculares cuando el andamiaje del deporte en México es obsoleto, caduco, falto de apoyo y recursos para los atletas de alto rendimiento y dirigido por una burocracia asfixiante con gente de pantalón largo que, en su mayoría, no han pisado un terreno competitivo ni en el más caro de sus sueños.
Recuerdo que en los dorados días de mi niñez, nuestro país organizó los juegos de verano. Corría el año de 1968 y apenas diez días después de la brutal represión del movimiento estudiantil, se encendió la llama olímpica en el pebetero del estadio de Ciudad Universitaria.
Con la expectación al límite, el público estaba de acuerdo solo en dos cosas: Había dos medallas de oro “cinchas” para la numerosa delegación tricolor. Una para el equipo de futbol que por primera vez en la historia estaría integrado por jugadores profesionales y la otra para el nadador Guillermo Echevarría quién apenas un par de  meses antes había pulverizado el record mundial de los 1 500 metros nado libre, prueba considerada el maratón de la natación.
La realidad fue triste: El tricolor cayó ante Bulgaria en semifinales y en la disputa por el bronce, fue goleado inmisericordemente por Japón en el mismísimo estadio Azteca. La otra esperanza se esfumó cuando Memo parecía nadar en cámara lenta, llegando en el último lugar, recibiendo los abucheos del público que abarrotó la alberca olímpica “Francisco Márquez” de la capital de la república.
Para los juegos cariocas el cuadro dirigido por el “potro” Raúl Gutiérrez vuelve a llegar con etiqueta de favorito, creo que más por el hecho de que México es el campeón defensor que por el peso específico de este grupo de futbolistas.
Los aficionados le dan un alto porcentaje de triunfo a mi reina Paola Espinosa en los clavados. Ella llega con gran experiencia para las pruebas individuales y hará pareja con Alejandra Orozco en 
sincronizados.
También en el foso está la llamita encendida con la participación de Rommel Pacheco y la pareja varonil integrada por Iván García y Germán Sánchez.
Se espera que la nativa de “La Brecha”, Sinaloa, María del Rosario Espinosa se traiga metal por tercera ocasión consecutiva y que la arquera Aída Román “asegunde” sumando una medalla más a la conseguida hace cuatro años en Londres.
La marchista Lupita González representa también una esperanza y el triatleta Crisanto Grajales buscará inscribir su nombre en la historia del olimpismo nacional.
Algún otro nombre deberá considerarse como una sorpresa mayúscula pero a todos ellos les deseamos éxito y que regresen, más allá de las medallas, con la frente en alto.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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