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Las grandes hazañas solo las pueden llevar a cabo los hombres excepcionales. Esta reflexión vino a mi cabeza luego de mirar la tremenda remontada que el Barcelona logró en su terreno ante el París Saint Germain, el pasado miércoles.

Le puedo yo jurar ante un altar, amable lector, que no soy simpatizante del cuadro culé aunque el blanco de mis iras es más bien el Real Madrid. Desde chavo le voy al “Aleti”, como le dicen sus seguidores al cuadro del Manzanares hoy dirigido por Diego Pablo Simeone, mejor conocido como el “cholo”, pero creo que ando divagando.

El tema es que no soy de los nalgapronta que cada que juega el Barsa se sienten catalanes y que quieren tener un hijo de Messi o aunque sea de Piqué pero la verdad, solo viéndolo puede uno creer el desenlace de una eliminatoria que parecía decidida desde el juego en la “ciudad luz” cuando los parisinos adelantaron el tanteador por cuatro goles de diferencia.

Claro que no todo lo tuvieron que hacer los blaugrana; contaron con la estupenda colaboración del director técnico rival, Unai Emery, quién con un planteamiento medroso y ultra defensivo le regaló la pelota a quienes mejor saben tratarla y como decía don Fernando Marcos, la esférica es perezosa y se anida en el arco que le queda más cerca.

También tuvo su protagonismo en esta historia el juez polaco Szimon Marciniak cobrando un penal más que dudoso para darle vida a un Barcelona que empujaba pero no podía convertir las muchas ocasiones de gol que el rival le proporcionaba.

Sin embargo, la segunda pena máxima, ya en plena debacle de la defensiva gala, la considero justa aunque siempre queda la duda de si el entorno no pesó de más en este joven nazareno de solo 36 años de edad y quién pita en una Liga tan poco competitiva como es la polaca.

Este histórico resultado se da en el marco de una crisis de ética al interior del equipo representante de la ciudad condal. Su técnico Luís Enrique anunció hace unos días que no continuará en el banquillo blaugrana la próxima temporada, en lo que se traduce como una recisión anticipada de su contrato de forma unilateral y francamente desaseada.

Muy interesante será saber si con vida en la Champions, la Copa del Rey al alcance de la mano y una Liga que se definirá en un final de fotografía hacen cambiar de opinión a este palurdo, pero muy buen entrenador.

La remontada queda para, como decía un buen amigo y exárbitro, para los “análisis” de la historia.

El tridente atacante del Barsa sigue escribiendo páginas gloriosas y el conjunto exhibió una garra que pensé no tendrían. Los orgullosos franceses regresaron a casa rumiando el fracaso y buscando culpables, aunque la prensa en su país solo señaló como responsable de la mayúscula humillación a su entrenador.

Como decía el gran Yogi Berra: “Esto no se acaba hasta que se acaba”.