Cuentan que alguna vez un señor llegó bien “Brizio” a la comisaría del pueblo. Llevaba nada más tres días chupando pero consideraba que no se le había hecho vicio. El caso es que preguntó con voz áspera y tartajosa: “¿Perdone, cuánto es la multa por mentarle la madre al señor juez?” A lo que el secretario respondió: “Son 500 pesos de multa”. “A toda madre -dijo el borrachín- acá traigo pa’cuatro”.

Este antiquísimo chiste viene al caso ahora que la FIFA ha vuelto a sancionar a la FEMEXFUT por el tristemente célebre grito de “EEEEEEEEEEEH, PU…” que suele proferir el público en los partidos de la selección nacional.

La multa es francamente irrisoria. Mire usted que para un futbol millonario como el nuestro, cuyas arcas rebozan de verdes dolarucos, medio millón de devaluados varos es como quitarle un pelo a un gato pero la cosa va más allá.

La federación junto con las televisoras ha implementado un par de campañas teniendo como protagonistas a los seleccionados para intentar convencer a los aficionados de abstenerse de gritarle al guardameta adversario. Parece que les dan cuerda pues cada vez se escucha más recio el aullido en cuestión.

Uno de los problemas es que la gente que va al estadio Azteca a ver al Tri no es el público común y corriente, es decir, el verdadero aficionado al futbol. Normalmente son jóvenes en su mayoría, de ambos sexos, posición económica desahogada y que van al fut, pues a echar desmadre. Por ello, se les hace muy chistoso sobajar al equipo contrario y no solo con esa porrita bastante corriente sino abucheando su himno nacional.

A mí me parece una leperada carente de gusto pero por esta única ocasión estaré de acuerdo con Guillermo Cantú, secretario general del organismo rector del balompié nacional, en el sentido de que no se trata de un grito homofóbico.

Los pelafustanes en bola se vuelven muy valientes y ahí están hasta las señoras entrándole al relajo sin saber ni cómo ni por qué.

El problema está en que si los señores de FIFA, tan recatados y decentes ellos, siguen considerando discriminatorio y homofóbico el dichoso cántico, pueden vetar el “Coloso de Santa Úrsula” y llegar al extremo de quitarle puntos a México en la eliminatoria mundialista.

Un ejemplo de que esto no es gracioso y se puede erradicar lo tuvimos el pasado domingo, (y me dicen que ya van varios), en la cancha de Ciudad Universitaria. El aficionado puma se niega a andar como borregos gritando sandeces, respeta al rival y por supuesto a los colores de la máxima casa de estudios.

Nos será con comunicados rosas ni por convencimiento que la perrada deje de ofenderse a sí misma y al rival. Se lo digo a usted de una vez: A la otra, se jugará sin público, se mudará el tricolor a otra sede y hasta le quitarán los puntos. Al tiempo.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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